Un mundo hambriento

Un informe elaborado por distintas entidades de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) determinó que el objetivo de erradicar el hambre del mundo en 2030 está cada vez más lejano. Coincide la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que proyectó además que unas 670 millones de personas seguirán sufriendo hambre para fines de esta década.

Al respecto el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, manifestó que existe un riesgo real de que se produzcan múltiples hambrunas este año e instó a los responsables de las áreas específicas, reunidos para hablar de seguridad alimentaria, a tomar medidas prácticas para estabilizar los mercados de alimentos y reducir la volatilidad de los precios de los productos básicos.

La invasión de Rusia a Ucrania, que ya lleva casi cinco meses, corre el riesgo de agravar el hambre de millones de personas en todo el mundo. Estos dos países suministran el 28 % del trigo que se comercializa en todo el planeta, el 29 % de la cebada, el 15 % del maíz y el 75 % del aceite de girasol.

Sobre el particular, el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, advirtió que si Rusia mantiene el bloqueo sobre los puertos ucranianos habrá hambrunas, más migraciones y desestabilización en los países. El funcionario indicó también que el número de personas que se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria se duplicó alarmantemente en dos años: pasó de 135 millones antes de la pandemia de Covid-19 a 276 millones en la actualidad. “Son personas que luchan por conseguir comida”, alertó.

La suba de precios por desabastecimiento de alimentos, agravada por la guerra, profundiza la crisis del sistema alimentario global, que ya venía con complicaciones por la pandemia del Covid-19, el cambio climático y el shock energético. La reciente firma de acuerdos espejo, por separado, con mediación de Turquía y la ONU, entre Rusia y Ucrania encendió “un faro de esperanza”, en palabras de Guterres, al allanar la posibilidad de exportación de cereales ucranianos y de fertilizantes rusos.

Para erradicar el hambre es fundamental comprender sus causas y no atribuirlas solo a un desequilibrio mecánico entre la cantidad de alimentos y el volumen de población, sino también al funcionamiento de economías sanas y beneficiosamente interconectadas, instituciones políticas y sociales sólidas, mercados que apuesten a la sustentabilidad y una conciencia global capaz de motorizar las soluciones sin más demoras.

Urge que la comunidad internacional empiece a trabajar mancomunadamente para acabar con el hambre en el mundo. No hablamos ya de un temor infundado, sino de una expectativa dramáticamente real que plantea una opción éticamente ineludible.

Un informe elaborado por distintas entidades de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) determinó que el objetivo de erradicar el hambre del mundo en 2030 está cada vez más lejano. Coincide la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que proyectó además que unas 670 millones de personas seguirán sufriendo hambre para fines de esta década.Al respecto el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, manifestó que existe un riesgo real de que se produzcan múltiples hambrunas este año e instó a los responsables de las áreas específicas, reunidos para hablar de seguridad alimentaria, a tomar medidas prácticas para estabilizar los mercados de alimentos y reducir la volatilidad de los precios de los productos básicos.La invasión de Rusia a Ucrania, que ya lleva casi cinco meses, corre el riesgo de agravar el hambre de millones de personas en todo el mundo. Estos dos países suministran el 28 % del trigo que se comercializa en todo el planeta, el 29 % de la cebada, el 15 % del maíz y el 75 % del aceite de girasol.Sobre el particular, el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, advirtió que si Rusia mantiene el bloqueo sobre los puertos ucranianos habrá hambrunas, más migraciones y desestabilización en los países. El funcionario indicó también que el número de personas que se enfrentan a una grave inseguridad alimentaria se duplicó alarmantemente en dos años: pasó de 135 millones antes de la pandemia de Covid-19 a 276 millones en la actualidad. “Son personas que luchan por conseguir comida”, alertó.La suba de precios por desabastecimiento de alimentos, agravada por la guerra, profundiza la crisis del sistema alimentario global, que ya venía con complicaciones por la pandemia del Covid-19, el cambio climático y el shock energético. La reciente firma de acuerdos espejo, por separado, con mediación de Turquía y la ONU, entre Rusia y Ucrania encendió “un faro de esperanza”, en palabras de Guterres, al allanar la posibilidad de exportación de cereales ucranianos y de fertilizantes rusos.Para erradicar el hambre es fundamental comprender sus causas y no atribuirlas solo a un desequilibrio mecánico entre la cantidad de alimentos y el volumen de población, sino también al funcionamiento de economías sanas y beneficiosamente interconectadas, instituciones políticas y sociales sólidas, mercados que apuesten a la sustentabilidad y una conciencia global capaz de motorizar las soluciones sin más demoras.Urge que la comunidad internacional empiece a trabajar mancomunadamente para acabar con el hambre en el mundo. No hablamos ya de un temor infundado, sino de una expectativa dramáticamente real que plantea una opción éticamente ineludible.

 80 total views,  5 views today

Deja una respuesta

Next Post

Manuscrito. Un casete atascado en el autoestéreo

Sin aspavientos, de un modo casi silencioso, el prolífico periodista musical Nicolás Igarzábal está haciendo una notable contribución a la historiología del rock argentino (¡Y […]
error: Content is protected !!
A %d blogueros les gusta esto: