ADN del crimen: la trama oculta de 113 puñaladas que no prescriben en la sociedad

Difícilmente se pueda encontrar en la historia penal argentina un asesinato tan anunciado como el que tuvo como víctima a Carolina Aló. Despechado porque la joven había cortado la relación, tres días antes de asesinar a la estudiante del colegio Marcos Sastre, de Tigre, Fabián Tablado le dijo a su amigo, Luis Vallejos: “Qué te parece si matamos a nuestras novias”.

En ese momento, debido a que ambos bebían cerveza, Vallejos no tomó en serio los dichos de su amigo.

Al día siguiente, Tablado insistió: “Voy a matar a Carolina”. El 27 de mayo de 1996, a las 19, Tablado y Vallejos se encontraron en la puerta del colegio. “Esta noche voy a hacer lo que te prometí”, le dijo Tablado a su amigo, pero Vallejos volvió a relativizar los dichos de Tablado.

Esa noche, minutos después de las 22, Vallejos cruzó la mirada con su amigo y advirtió que, mientras con un brazo tomaba a Carolina por el hombro y la sacaba del colegio, con el dedo índice de la otra mano lo pasaba de un lado a otro de su cara en señal de que le cortaría el cuello a su novia.

Entonces, Vallejos entendió que Tablado intentaría cumplir su macabra promesa. Así que corrió hasta la cabina telefónica de Cazón y Sarmiento y llamó a la casa de la familia Aló, fingió la voz de una mujer y preguntó por Carolina.

ADN del crimen: sicarios y ametralladoras en un entierro tumbero que anticipa más peligros

Según relató a LA NACION, Edgardo Aló, el padre de la víctima, esa noche recibió una llamada telefónica en la una persona que intentaba encubrir su voz le preguntaba por Carolina. Aló advirtió que del otro lado de la línea un hombre intentaba hacerse pasar por una amiga de su hija. Al darse cuenta que el padre de Carolina no había caído en el engaño, Vallejos cortó la comunicación. Mientras que Aló, desesperado, se dirigió al colegio a buscar a su hija. La angustia de Edgardo tenía razón de ser en un hecho ocurrido una semana antes.

“Había advertido que el monstruo -por Tablado- le pegó a mi hija en la puerta de mi casa. Me hizo frente y estuvimos a punto de irnos a las manos”, dijo Aló a LA NACION.

Aló recorrió lo más rápido que pudo las quince cuadras que lo separaban de la escuela Marcos Sastre. Cuando llegó al establecimiento educativo, el padre de Carolina solamente encontró a los responsables de maestranza del establecimiento educativo. No quedaba ningún alumno. Junto a su cuñado, Aló se dirigió a la casa de Tablado.

Mientras tanto, Tablado agredía sin parar a su novia. Fueron 113 puñaladas asestadas con dos cuchillos de mesa, una cuchilla de cocina y un formón. A Tablado le llevó no más de una hora, sacar a Carolina del colegio, llevarla a su casa y asesinarla. Después de matar a su novia, Tablado se duchó y llamó a su amigo para poner en marcha su plan para escapar.

Tablado se encontró con Vallejos y le confesó: “¿Te acordás de lo que te dije? Bueno, lo hice. La corté por todas partes con cuchillos. Así que traeme plata que me voy a escapar”, le ordenó Tablado a su amigo.

Cuando Edgardo Aló llegó a la casa de Tablado y vio los móviles policiales creyó que algo había pasado con la familia del exnovio de su hija.

Primero se cruzó con la madre de Tablado: “Me esquivó la mirada. Después encontré a un comisario. Ocurrió una tragedia, me dijo, y no me dejó avanzar más por el pasillo. Entonces, fui hasta el garaje. La puerta había quedado entreabierta. En ese momento pude ver el cuerpo de mi hija”, relató Aló. Eran las 23.45.

Cita bajo el puente

En cuestión de un par de horas, la policía localizó a Vallejos. Ante los investigadores, el amigo de Tablado dijo que debía llevarle dinero al asesino de Carolina. Le pidió que vaya en un remise hasta el puente Tedín. Entonces, los policías acompañaron a Vallejos hasta el lugar señalado por Tablado. Cuando el asesino advirtió la llegada de su amigo, se acercó, pero fue sorprendido por los policías que lo detuvieron.

Edgardo, el padre de Carolina, expresó que las autoridades del colegio tuvieron parte de responsabilidad en que Tablado se llevara a su hija del establecimiento educativo: “Carolina era menor. No podían autorizar que saliera antes del colegio. Con la actitud pasiva que tuvieron, facilitaron que el asesino de mi hija se la llevara del colegio y la trasladara a su casa, donde la asesinó”.

Tablado, su amigo Vallejos y Carolina asistían a la misma escuela. En el caso de Tablado, había dejado de concurrir, pero cuando Carolina decidió cortar la relación, volvió al colegio para poder estar cerca de ella y controlarla.

Según consta en la causa, en tres oportunidades el asesino advirtió a Vallejos que mataría a Carolina. El amigo de Tablado nunca fue imputado en el caso.

Tablado confesó que asesinó a Carolina Aló. Nunca lo negó. Hijo de un carpintero de Tigre, Tablado, es el mayor de cinco hermanos. Pasó gran parte de su condena en el pabellón de evangelistas de la Unidad 9, en La Plata.

ADN del crimen: el último engaño del monstruo de Ravignani

Allí compartió alojamiento con el odontólogo Ricardo Barreda, condenado por asesinar a su mujer, a su suegra y a su hija; y con Héctor Retana, Horacio Braga, José Luis Auge y Sergio Gustavo González, los cuatro integrantes de la banda de Los Hornos, sentenciados por haber sido partícipes necesarios en el homicidio del fotógrafo José Luis Cabezas.

“Soy culpable en la medida en que fui responsable. Se trató de una compulsa satánica. Fue la mano de Dios la que me trajo aquí”, repetía Tablado a todo aquel que quiera escucharlo, mientras se paseaba con la Biblia de un lado a otro del pabellón, jugaba al fútbol y brindaba sermones.

Dos años y medio después del homicidio que conmocionó al país, en un fallo dictado por la mayoría de dos de sus tres integrantes, la Sala III de la Cámara Penal de San Isidro condenó a Tablado a 24 años de prisión por homicidio simple, con lo que desestimó los agravantes de ensañamiento y alevosía expuestos por el fiscal Julio Novo y por el abogado de la familia de la víctima, Roberto Damboriana.

En los fundamentos de la sentencia, uno de los magistrados explicó que el ataque “fue brutal” y que la víctima “sufrió enormemente”, no obstante. se inclinó por el homicidio simple, en desmedro de los agravantes de ensañamiento y alevosía sostenidos por el fiscal y la querella.

Uno de los jueces se pronunció sobre la cuestión de la alevosía: “Si bien existió cierta predeterminación, no hay pruebas que permitan evaluar que la víctima llegó engañada o que el acusado aprovechó su eventual indefensión. No hubo perfidia para matar, ni acecho ni ocultamiento. Por lo tanto, no hubo alevosía”.

Sobre el segundo punto -el ensañamiento- fue igual de contundente: “No debemos dejarnos encandilar por la cantidad de puñaladas. La multiplicidad de heridas deja ver una reacción colérica. Tampoco hay prueba de que Tablado hubiese manifestado violenta emoción, más allá de que pudiera estar emocionado por el acto cometido”, concluyó uno de los tres magistrados.

Pasaje a Retiro

Tablado no fue condenado por femicidio, ya que esa figura penal no existía entonces. Si le hubieran aplicado la pena establecida para el autor de un homicidio cometido en el contexto de violencia de género, Tablado no habría salido de la cárcel. Seguiría preso.

En mayo de 1996, no estaba vigente la ley 26.791, que incorporó al Código Penal en los incisos 1°, 4°, 11° y 12°, la condena de reclusión o prisión perpetua en caso que la víctima del homicidio fuera “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género y a su ascendiente, descendiente, cónyuge, excónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia”. Dicha norma fue incorporada en el Código Penal en noviembre de 2012.

El 28 de febrero de 2020, después de haber pasado 23 años y nueve meses preso, la Justicia consideró que la condena de Tablado estaba cumplida y el autor del asesinato de Carolina salió de prisión. Por entonces, el homicida se había casado y era padre de mellizas.

Sin embargo, en diciembre de 2020, Tablado fue detenido nuevamente, acusado de violar una restricción perimetral que le impedía acercarse a quinientos metros del padre de Carolina. Fue condenado a un año de prisión por desobediencia, debido a que no cumplió con la prohibición de aproximarse a sus hijas y a Edgardo Aló.

El 15 de diciembre de 2021 recuperó la libertad y solicitó autorización para viajar a Bell Ville, en Córdoba, para vivir con Yanina, su nueva pareja. Ambos se habían conocido a través de la red social Facebook. Pero, hace una semana, dos vecinos alertaron a la policía sobre supuestos episodios de violencia de género de Tablado contra su pareja.

Ante esta denuncia, Tablado habría decidido abandonar Bell Ville para trasladarse a San Clemente del Tuyú, donde su familia tiene una casa. Sin embargo, en el Partido de la Costa declararon persona no grata al asesino de Carolina. El destino del homicida de las 113 puñaladas depende de que su presencia no sea descubierta en el lugar en el que decida radicarse. Hasta el momento, lo único que se sabe es que compró un pasaje en colectivo para el sábado próximo de Bell Ville, a Retiro. En San Clemente del Tuyú, no lo quieren.

Difícilmente se pueda encontrar en la historia penal argentina un asesinato tan anunciado como el que tuvo como víctima a Carolina Aló. Despechado porque la joven había cortado la relación, tres días antes de asesinar a la estudiante del colegio Marcos Sastre, de Tigre, Fabián Tablado le dijo a su amigo, Luis Vallejos: “Qué te parece si matamos a nuestras novias”.En ese momento, debido a que ambos bebían cerveza, Vallejos no tomó en serio los dichos de su amigo.Al día siguiente, Tablado insistió: “Voy a matar a Carolina”. El 27 de mayo de 1996, a las 19, Tablado y Vallejos se encontraron en la puerta del colegio. “Esta noche voy a hacer lo que te prometí”, le dijo Tablado a su amigo, pero Vallejos volvió a relativizar los dichos de Tablado.Esa noche, minutos después de las 22, Vallejos cruzó la mirada con su amigo y advirtió que, mientras con un brazo tomaba a Carolina por el hombro y la sacaba del colegio, con el dedo índice de la otra mano lo pasaba de un lado a otro de su cara en señal de que le cortaría el cuello a su novia.Entonces, Vallejos entendió que Tablado intentaría cumplir su macabra promesa. Así que corrió hasta la cabina telefónica de Cazón y Sarmiento y llamó a la casa de la familia Aló, fingió la voz de una mujer y preguntó por Carolina.ADN del crimen: sicarios y ametralladoras en un entierro tumbero que anticipa más peligrosSegún relató a LA NACION, Edgardo Aló, el padre de la víctima, esa noche recibió una llamada telefónica en la una persona que intentaba encubrir su voz le preguntaba por Carolina. Aló advirtió que del otro lado de la línea un hombre intentaba hacerse pasar por una amiga de su hija. Al darse cuenta que el padre de Carolina no había caído en el engaño, Vallejos cortó la comunicación. Mientras que Aló, desesperado, se dirigió al colegio a buscar a su hija. La angustia de Edgardo tenía razón de ser en un hecho ocurrido una semana antes.“Había advertido que el monstruo -por Tablado- le pegó a mi hija en la puerta de mi casa. Me hizo frente y estuvimos a punto de irnos a las manos”, dijo Aló a LA NACION.Aló recorrió lo más rápido que pudo las quince cuadras que lo separaban de la escuela Marcos Sastre. Cuando llegó al establecimiento educativo, el padre de Carolina solamente encontró a los responsables de maestranza del establecimiento educativo. No quedaba ningún alumno. Junto a su cuñado, Aló se dirigió a la casa de Tablado.Mientras tanto, Tablado agredía sin parar a su novia. Fueron 113 puñaladas asestadas con dos cuchillos de mesa, una cuchilla de cocina y un formón. A Tablado le llevó no más de una hora, sacar a Carolina del colegio, llevarla a su casa y asesinarla. Después de matar a su novia, Tablado se duchó y llamó a su amigo para poner en marcha su plan para escapar.Tablado se encontró con Vallejos y le confesó: “¿Te acordás de lo que te dije? Bueno, lo hice. La corté por todas partes con cuchillos. Así que traeme plata que me voy a escapar”, le ordenó Tablado a su amigo.Cuando Edgardo Aló llegó a la casa de Tablado y vio los móviles policiales creyó que algo había pasado con la familia del exnovio de su hija.Primero se cruzó con la madre de Tablado: “Me esquivó la mirada. Después encontré a un comisario. Ocurrió una tragedia, me dijo, y no me dejó avanzar más por el pasillo. Entonces, fui hasta el garaje. La puerta había quedado entreabierta. En ese momento pude ver el cuerpo de mi hija”, relató Aló. Eran las 23.45.Cita bajo el puenteEn cuestión de un par de horas, la policía localizó a Vallejos. Ante los investigadores, el amigo de Tablado dijo que debía llevarle dinero al asesino de Carolina. Le pidió que vaya en un remise hasta el puente Tedín. Entonces, los policías acompañaron a Vallejos hasta el lugar señalado por Tablado. Cuando el asesino advirtió la llegada de su amigo, se acercó, pero fue sorprendido por los policías que lo detuvieron.Edgardo, el padre de Carolina, expresó que las autoridades del colegio tuvieron parte de responsabilidad en que Tablado se llevara a su hija del establecimiento educativo: “Carolina era menor. No podían autorizar que saliera antes del colegio. Con la actitud pasiva que tuvieron, facilitaron que el asesino de mi hija se la llevara del colegio y la trasladara a su casa, donde la asesinó”.Tablado, su amigo Vallejos y Carolina asistían a la misma escuela. En el caso de Tablado, había dejado de concurrir, pero cuando Carolina decidió cortar la relación, volvió al colegio para poder estar cerca de ella y controlarla.Según consta en la causa, en tres oportunidades el asesino advirtió a Vallejos que mataría a Carolina. El amigo de Tablado nunca fue imputado en el caso.Tablado confesó que asesinó a Carolina Aló. Nunca lo negó. Hijo de un carpintero de Tigre, Tablado, es el mayor de cinco hermanos. Pasó gran parte de su condena en el pabellón de evangelistas de la Unidad 9, en La Plata.ADN del crimen: el último engaño del monstruo de RavignaniAllí compartió alojamiento con el odontólogo Ricardo Barreda, condenado por asesinar a su mujer, a su suegra y a su hija; y con Héctor Retana, Horacio Braga, José Luis Auge y Sergio Gustavo González, los cuatro integrantes de la banda de Los Hornos, sentenciados por haber sido partícipes necesarios en el homicidio del fotógrafo José Luis Cabezas.“Soy culpable en la medida en que fui responsable. Se trató de una compulsa satánica. Fue la mano de Dios la que me trajo aquí”, repetía Tablado a todo aquel que quiera escucharlo, mientras se paseaba con la Biblia de un lado a otro del pabellón, jugaba al fútbol y brindaba sermones.Dos años y medio después del homicidio que conmocionó al país, en un fallo dictado por la mayoría de dos de sus tres integrantes, la Sala III de la Cámara Penal de San Isidro condenó a Tablado a 24 años de prisión por homicidio simple, con lo que desestimó los agravantes de ensañamiento y alevosía expuestos por el fiscal Julio Novo y por el abogado de la familia de la víctima, Roberto Damboriana.En los fundamentos de la sentencia, uno de los magistrados explicó que el ataque “fue brutal” y que la víctima “sufrió enormemente”, no obstante. se inclinó por el homicidio simple, en desmedro de los agravantes de ensañamiento y alevosía sostenidos por el fiscal y la querella.Uno de los jueces se pronunció sobre la cuestión de la alevosía: “Si bien existió cierta predeterminación, no hay pruebas que permitan evaluar que la víctima llegó engañada o que el acusado aprovechó su eventual indefensión. No hubo perfidia para matar, ni acecho ni ocultamiento. Por lo tanto, no hubo alevosía”.Sobre el segundo punto -el ensañamiento- fue igual de contundente: “No debemos dejarnos encandilar por la cantidad de puñaladas. La multiplicidad de heridas deja ver una reacción colérica. Tampoco hay prueba de que Tablado hubiese manifestado violenta emoción, más allá de que pudiera estar emocionado por el acto cometido”, concluyó uno de los tres magistrados.Pasaje a RetiroTablado no fue condenado por femicidio, ya que esa figura penal no existía entonces. Si le hubieran aplicado la pena establecida para el autor de un homicidio cometido en el contexto de violencia de género, Tablado no habría salido de la cárcel. Seguiría preso.En mayo de 1996, no estaba vigente la ley 26.791, que incorporó al Código Penal en los incisos 1°, 4°, 11° y 12°, la condena de reclusión o prisión perpetua en caso que la víctima del homicidio fuera “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género y a su ascendiente, descendiente, cónyuge, excónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia”. Dicha norma fue incorporada en el Código Penal en noviembre de 2012.El 28 de febrero de 2020, después de haber pasado 23 años y nueve meses preso, la Justicia consideró que la condena de Tablado estaba cumplida y el autor del asesinato de Carolina salió de prisión. Por entonces, el homicida se había casado y era padre de mellizas.Sin embargo, en diciembre de 2020, Tablado fue detenido nuevamente, acusado de violar una restricción perimetral que le impedía acercarse a quinientos metros del padre de Carolina. Fue condenado a un año de prisión por desobediencia, debido a que no cumplió con la prohibición de aproximarse a sus hijas y a Edgardo Aló.El 15 de diciembre de 2021 recuperó la libertad y solicitó autorización para viajar a Bell Ville, en Córdoba, para vivir con Yanina, su nueva pareja. Ambos se habían conocido a través de la red social Facebook. Pero, hace una semana, dos vecinos alertaron a la policía sobre supuestos episodios de violencia de género de Tablado contra su pareja.Ante esta denuncia, Tablado habría decidido abandonar Bell Ville para trasladarse a San Clemente del Tuyú, donde su familia tiene una casa. Sin embargo, en el Partido de la Costa declararon persona no grata al asesino de Carolina. El destino del homicida de las 113 puñaladas depende de que su presencia no sea descubierta en el lugar en el que decida radicarse. Hasta el momento, lo único que se sabe es que compró un pasaje en colectivo para el sábado próximo de Bell Ville, a Retiro. En San Clemente del Tuyú, no lo quieren.

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