El milagro coreano

SEÚL.– Hace calor y en breve comienza la temporada de lluvias. Hay largos días de bruma y gente que trabaja sin parar. Nada detiene el milagro coreano, ni siquiera la distancia. Son 24 horas de vuelo para llegar desde Ezeiza al aeropuerto de Incheon. Una vez en tierra, son 12 horas más para sincronizar con la hora local. Vivir adelantado. Otro tiempo. Anticipación e innovación. Las palabras claves para entender por qué la isla partida en dos tiene en Corea del Sur una economía boyante y una avanzada cultural llamada Hallyu, la ola coreana que ha dado muchos y buenos frutos.

El filósofo de moda en el mundo entero, Byung Chul-Han, nació en Seúl, es profesor en la Universidad de las Artes de Berlín y su libro La sociedad del cansancio está agotado en Buenos Aires. Hay más. Teo Yang (Seúl, 1981) triunfa con su mix de diseño coreano tradicional y minimalismo occidental. La influyente Architectural Digest le dedicó un panegírico y sus interiores despojados son tema de tapa de la revista Monocle de Tyler Brûlé.

The Economist llamó a BTS “the world’s biggest boy band”. Los chicos lindos de la banda de k-pop facturan US$3700 millones por año. Junto con sus temas, primeros en los charts americanos, venden ropa, comida, turismo y cosmética. Miles de chinos viajan todos los meses a Seúl para rediseñar sus rostros según el modelo BTS. Caras perfectas como las de los actores de los “dramas” (telenovelas) primeras en los rankings globales: desde el romance edulcorado al Juego del Calamar.

Todo esto ocurre en una isla del tamaño de la provincia de Santa Fe, con el 70% de suelo montañoso y 52 millones de habitantes (516 por km2). Hasta los años 60, Corea era un país pobre. En 1960 el PBI per cápita apenas pasaba los US$900. En 2019 era de US$28.675. Literalmente.

¿Cómo se produjo el milagro? Estrategia, innovación y anticipación. Samsung, mayor grupo empresarial coreano, es la firma que produce más móviles en el mundo. Su presidente, Lee Kun-hee, murió a los 78 años, en 2020. Dejó una fortuna de US$20.000 millones y donó 23.000 obras de arte a los museos: desde piezas de la dinastía Silla hasta pinturas impresionistas.

Era el hombre más rico de Corea del Sur, que, en tiempos de Covid, fue el país que redujo al mínimo el impacto económico de la pandemia. Sin embargo, todavía la gente no se desprende del barbijo en las calles, en el metro y en los hoteles. Una disciplina férrea y un objetivo: potenciar las chaebols, gigantes industriales apoyados por el Estado. Los chevaux de courses dirían los franceses: caballos de carrera entrenados para ganar en los primeros 1000 metros. Pocos, pero los mejores. Samsung, Daewoo, Hyundai, LG.

Una economía abierta al mundo que quiere más inversores y está invitando hoy para la cumbre mundial de Busan, que será en 2030. Ganar de mano. Busan, la ciudad astillero del sur de la isla, será el centro de la convocatoria. Allí se fabrican los mejores barcos y se come el más rico pescado sazonado con kimchi, una salsa muy picante que está en las góndolas del mundo entero. Marca coreana de exportación.

SEÚL.– Hace calor y en breve comienza la temporada de lluvias. Hay largos días de bruma y gente que trabaja sin parar. Nada detiene el milagro coreano, ni siquiera la distancia. Son 24 horas de vuelo para llegar desde Ezeiza al aeropuerto de Incheon. Una vez en tierra, son 12 horas más para sincronizar con la hora local. Vivir adelantado. Otro tiempo. Anticipación e innovación. Las palabras claves para entender por qué la isla partida en dos tiene en Corea del Sur una economía boyante y una avanzada cultural llamada Hallyu, la ola coreana que ha dado muchos y buenos frutos.El filósofo de moda en el mundo entero, Byung Chul-Han, nació en Seúl, es profesor en la Universidad de las Artes de Berlín y su libro La sociedad del cansancio está agotado en Buenos Aires. Hay más. Teo Yang (Seúl, 1981) triunfa con su mix de diseño coreano tradicional y minimalismo occidental. La influyente Architectural Digest le dedicó un panegírico y sus interiores despojados son tema de tapa de la revista Monocle de Tyler Brûlé.The Economist llamó a BTS “the world’s biggest boy band”. Los chicos lindos de la banda de k-pop facturan US$3700 millones por año. Junto con sus temas, primeros en los charts americanos, venden ropa, comida, turismo y cosmética. Miles de chinos viajan todos los meses a Seúl para rediseñar sus rostros según el modelo BTS. Caras perfectas como las de los actores de los “dramas” (telenovelas) primeras en los rankings globales: desde el romance edulcorado al Juego del Calamar.Todo esto ocurre en una isla del tamaño de la provincia de Santa Fe, con el 70% de suelo montañoso y 52 millones de habitantes (516 por km2). Hasta los años 60, Corea era un país pobre. En 1960 el PBI per cápita apenas pasaba los US$900. En 2019 era de US$28.675. Literalmente.¿Cómo se produjo el milagro? Estrategia, innovación y anticipación. Samsung, mayor grupo empresarial coreano, es la firma que produce más móviles en el mundo. Su presidente, Lee Kun-hee, murió a los 78 años, en 2020. Dejó una fortuna de US$20.000 millones y donó 23.000 obras de arte a los museos: desde piezas de la dinastía Silla hasta pinturas impresionistas.Era el hombre más rico de Corea del Sur, que, en tiempos de Covid, fue el país que redujo al mínimo el impacto económico de la pandemia. Sin embargo, todavía la gente no se desprende del barbijo en las calles, en el metro y en los hoteles. Una disciplina férrea y un objetivo: potenciar las chaebols, gigantes industriales apoyados por el Estado. Los chevaux de courses dirían los franceses: caballos de carrera entrenados para ganar en los primeros 1000 metros. Pocos, pero los mejores. Samsung, Daewoo, Hyundai, LG.Una economía abierta al mundo que quiere más inversores y está invitando hoy para la cumbre mundial de Busan, que será en 2030. Ganar de mano. Busan, la ciudad astillero del sur de la isla, será el centro de la convocatoria. Allí se fabrican los mejores barcos y se come el más rico pescado sazonado con kimchi, una salsa muy picante que está en las góndolas del mundo entero. Marca coreana de exportación.

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