“Escena del crimen”: así se viven estas horas en los alrededores del departamento de Cristina Kirchner, en Recoleta

Eduardo Martillero, de 56 años, es encargado de un edificio sobre Juncal, a metros de la esquina con Uruguay, en Recoleta. Estaba mañana, miraba fijo a un grupo de unos 15 agentes de la Policía Federal, que estaban parados detrás de una cinta naranja que cortaba la calle de lado a lado donde se leía “Escena del crimen”. Custodiaban el acceso al departamento de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Martillero seguía sorprendido. Opinó que ayer se abrió un capítulo que nunca se tendría que haber abierto en la Argentina. “Venimos jugando con fuego hace rato. Esto de la grieta y el odio entre unos y otros tarde o temprano termina en esta porquería. A los enormes problemas que tenemos, como la inflación y la inseguridad, ahora se le suma esta locura”, dijo.

El feriado nacional decretado por el presidente Alberto Fernández en la madrugada generó una tensa calma en los alrededores del departamento de la vicepresidenta, que anoche fue víctima de un atentado: un hombre le apuntó con un arma a la cabeza de la vicepresidenta, gatilló, y por una razón aún no determinada la bala no se disparó. Luego de días de agitación por la defensa que ejerció un gran grupo de seguidores de Cristina Fernández de Kirchner en esta esquina de Recoleta, esta mañana no había muchas personas, e imperaba un silencio incómodo. Aunque, de a poco, están empezando a llegar.

A las 14, en un Toyota color gris que ingresó a contramano por la calle Juncal, desde Talcahuano en dirección hacia Uruguay, el presidente, Alberto Fernández, llegó a la casa de Cristina Fernández de Kirchner. Fue inesperado para la enorme cantidad de periodistas y militantes que estaban aquí presentes. El mandatario descendió rápido del vehículo y sin saludar entró al domicilio.

El Presidente llegó casi sin custodia y se dirigió a la puerta de madera ubicada en Juncal 1411 que estaba abierta esperando su llegada. Ahora esa misma puerta está fuertemente custodiada por personal de la Policía Federal y custodios vestidos de civil. Afuera, frente a la llegada del Presidente, los militantes empezaron a entonar canciones de aliento.

Luego de estar reunidos durante 45 minutos en el departamento de la vicepresidenta, Alberto Fernández subió a su auto junto a la custodia presidencial y se retiró del lugar sin hacer declaraciones.

Mientras tanto, el custodio personal de Cristina, Diego Carbone, llegó al lugar en una camioneta Hilux negra e ingresó al edifico, en lo que parece un refuerzo para la seguridad vicepresidencial.

El atentado, que está siendo investigado por la jueza federal María Eugenia Capuchetti, sí atrajo a decenas de periodistas y multiplicó la presencia de policías en la esquina de Juncal y Uruguay.

Mariano Vorosky, de 33 años, vive en Palermo y ayer se enteró por la televisión lo que había sucedido. Él la semana pasada estuvo en esta esquina alentando a la vicepresidenta y cuando vio el video del intento de homicidio se vistió y vino a Recoleta para apoyar a Cristina. Se quedó hasta la 1.

“Hubo gente que se quedó hasta muy tarde, tengo amigos que estuvieron acá hasta cualquier hora y piensan volver, pero por ahora no aparecieron. Creo que al mediodía va a llegar mucha gente. Luego de lo que pasó creo que la vigilia por Cristina va a seguir un tiempo largo”, señala Vorosky.

Punto de inflexión

“Esto es un punto de inflexión, una cosa que no se veía en la Argentina”, dice Marcelo Díaz, de 54 años. Él es uno de los pocos que llegó a Juncal y Uruguay bien temprano, no por ser seguidor de Cristina, sino porque las imágenes del frustrado atentado lo impactaron y hoy vino a “presentar sus respetos”.

Hay un grupo, que siempre ronda las 50 personas, que se acercan a la esquina durante algunos minutos y luego se van: no son militantes kirchneristas, pero llegan hasta aquí sorprendidos por el nivel de violencia que se vio en las imágenes que se viralizaron y, al igual que Díaz, quieren transmitir un mensaje de tranquilidad, una especie de llamado a la paz.

“Yo no soy ni kirchnerista ni peronista, pero vine a decir presente, a estar, a mostrarme respetuoso frente a lo que considero fue un ataque a nuestra democracia. Paremos la mano, lo que se vio ayer fue una locura”, lamenta Díaz, cuyo jefe le sugirió que hoy trabaje desde su casa. Y para allá va.

Cruzando la calle con sus dos galgos está Ignacio Calvo, que es vecino de la zona y ayer salió al balcón porque escuchó un griterío “inusual”.

“Vi un tumulto, gente corriendo y no entendía que pasaba. Pensé que alguien se había peleado porque siempre cuando llega Cristina se acumula mucha gente, pero lo que vi después me espantó. Es muy triste a lo que llegamos. Ojalá que esto ayude a que tomemos consciencia. En estos últimos días hubo mucho odio en el barrio, tanto de un lado como del otro, y eso no sirve de nada”, asegura Calvo.

El hombre que disparó, que fue inmediatamente detenido, es Fernando Andrés Sabag Montiel. Se trata de un joven, con domicilio en el barrio porteño de La Paternal. Montiel, es un ciudadano de nacionalidad brasileña, de 35 años, que contaba con un antecedente por portación de armas no convencionales, fechado el 17 de marzo de 2021.

En sus redes sociales se presenta como “Fernando Salim Montiel”. Allí se pueden ver sus intereses y las páginas que sigue, muchas de ellas ligadas a grupos radicalizados o de odio. Sin embargo, sus perfiles fueron dadas de baja durante la madrugada.

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