Todos preguntan por las figuritas del Mundial ¡y todavía no las consiguen!

La felicidad estalló poco antes de las 12.15 en Helguera y Magariños Cervantes, en Villa Santa Rita, justo a la hora de la salida de varios colegios de la zona. Llegaron las figuritas del Mundial y en Michelle, el kiosco de la esquina todo era ansiedad. Los chicos hacían fila y compraban todos los paquetes que podían. Salían felices. El quinto en la fila fue Felipe, de 11 años. El día anterior se había pasado toda la tarde recorriendo kioscos con su papá, sin éxito. “Al final, los kiosqueros ya nos miraban feo. Hartos de que les preguntáramos todos lo mismo”, dijo Raúl Suárez, el padre de Felipe, que finalmente se marchó contento porque había conseguido tres paquetes.

Quince minutos después, todavía había gente en la fila, pero solo quedaba un paquete. Malas noticias: hasta el día siguiente no habría novedades. Delia Vargas, la dueña del kiosco, lamentó ante sus clientes que solo había recibido tres paquetes de 25 sobres cada uno. Por delante quedaba toda una tarde de la misma cantinela de la semana. “No tenemos más figuritas. No quedaron. Pasá mañana”, repetía Flor, la vendedora, siempre con una sonrisa. Una sonrisa cansada por momentos. “Vienen al menos unas 50 personas por hora, todos preguntan lo mismo”, explicó Delia.

“Acá vienen cinco o seis personas por minuto. Es una locura. Los kiosqueros estamos al borde del ACV”, afirmó sobre el movimiento en su local Ernesto Acuña, presidente de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), que días atrás, por la crisis de las figuritas, encabezó una movilización frente a la sede de la empresa Panini, en Martínez, en reclamo de los faltantes. Cada día, cada hora, cada minuto, una o varias personas les preguntan lo mismo. Y lejos de poder aprovechar la inesperada ola de demanda, solo pueden contestar mecánicamente.

En las redes, estallaron los memes y las fotos de las leyendas que colgaron los kiosqueros. En WhatsApp se viralizó un video de TikTok con una escena en la que Ricardo Darín echa a una persona que entra a su local, con el audio modificado con un diálogo sobre las figuritas.

“Yo estoy en Villa Urquiza, frente a una parada de colectivos. Los clientes vienen tipo moscas, de a varios. Y te preguntan. Les decís que no tenés y ya viene el de atrás y pregunta lo mismo. Y se responden entre ellos. Entonces se arma un revoloteo. Esto superó a la demanda de cigarrillos en pandemia”, describió Acuña.

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“Tuve que poner una persona en la puerta, exclusivamente para atajar a los clientes de figuritas. Un cartel dice grande NO HAY FIGURITAS y abajo más chiquito no hay, subrayado. Pero la gente entra igual y pregunta: ‘¿No hay figuritas?’ Y respondo que no hay; ‘no, no hay figuritas’, así todo el día… Es una locura”, dice Acuña.

Algunos hablan de que es marketing de la escasez. Otros dicen que hay problemas de distribución, que se priorizaron otros canales de distribución. Desde Panini, la empresa que comercializa las figuritas, no contestaron la consulta de LA NACION.

“No sé para qué le dije a mi hijo que sí. Me negaba a que juntara figuritas, porque sabía que iba a ser un dineral. Pero me convenció y ahora me paso las tardes preguntando en cada kiosco que veo. Ayer ya me daba vergüenza. Todos tenían carteles de NO TENGO FIGURITAS DEL MUNDIAL. Algunos se lo toman con humor; otros directamente están enojados. Por las dudas, ni pregunto. Me asomo, le hago un gesto de que no con la mano y les veo los ojos transfigurados”, contó Marina Pécora, que vive en Belgrano y es madre de Santiago, de 12 años.

Algo parecido le ocurre a Christian Carpenzano, de 33 años, padre de Thiago, de 11 años. Son de Ramos Mejía, y por estos días padecen la odisea de las figuritas. “Paso por todos los kioscos que veo camino a mi trabajo, en Villa Crespo. Y en todos es lo mismo. Pero también están los vivos que te las venden a 200 pesos”, contó Christian.

De ida al trabajo, pregunta en al menos diez kioscos y librerías, y a la vuelta hace lo mismo, con poca suerte. Después de leer en Twitter que las figuritas se conseguían en los supermercados, se fue a uno que hay cerca de su casa y las consiguió. “En la caja había carteles de HAY FIGURITAS. Solo seis por clientes. Las pagabas en la caja y te las entregaba el señor de seguridad, a la salida. Increíble. Lo bueno es que nos tocó la de Messi, valió la pena”, celebró.

¿Y si te dejo mi teléfono?

“Mi primo puso un cartel, porque ya se vuelve un poco estresante el tema. Hoy lo sacamos porque recibimos algo”, admitió Leonardo Leone, dueño de un kiosco en Segurola y Camarones, en Floresta. “La gente no solo pasa y pregunta, sino que viene tres veces por día y te pide dejarte el teléfono para que le avises y le guardes, pero no queremos entrar en eso. Salvo con un muchacho que vino tantas veces que le anoté el teléfono y le avisé: se llevó 30 paquetes. Tampoco podemos hacer mucho eso por los demás clientes. Ahora, cuando entran figuritas, tenemos que racionalizarlas. Es todo un trabajo aparte”, expresa Leonardo.

“Lo más triste es la cara de los chicos cuando vienen a buscar y se van frustrados porque no hay”, lamentó José Colacchio, dueño del kiosco de Laprida al 4200, en Villa Martelli. “Este es un negocio familiar hace 28 años, trabajo figuritas desde entonces, siempre con el mismo figuritero. Somos referentes de la zona y un kiosco de barrio. Nos sentimos mal porque nos han hecho traicionar a nuestros clientes de toda la vida, pero a nosotros también nos han traicionado. Nos entregaron algo al principio, un bulto de 1000 figuritas, que lo pagamos con anticipación y duró dos horas. Esto parecía un hormiguero. Lo vendimos sin medir ni dosificar, porque pensamos que iba a haber. Después nos entregaron de a puchitos. La gente se enoja y pregunta, no sabemos qué decirles”, indicó.

Cada kiosquero desarrolló su estrategia para responder a esa pregunta que más que latiguillo ya se siente como un latigazo. “Solo conseguí figuritas el sábado anterior al Día del Niño y no recibí más. Los mayoristas que tienen cuenta directa en Panini no nos traen a los kioscos y lo venden directo por internet o en Parque Rivadavia. No puse cartel porque tengo el pensamiento de no poner letreros con la palabra NO, pero es agotador”, aclaró Diego Laufer Cabrera, que tiene su local en Avenida San Martín al 1200, en Caballito. “Hay tres colegios cerca. La pregunta es todo el día. Opté por decirles busquen en internet. A la vez, tengo amigos, familiares, incluso mis hijas, todos preguntándome cuándo les voy a conseguir figuritas y no sé qué decirles. No lo puedo creer”, concluyó.

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