El mensaje de Joe Biden a Carlos III en medio de un debate en Estados Unidos sobre Isabel

WASHINGTON.- Estados Unidos nació de una rebelión contra el rey de Inglaterra. Las antiguas colonias que iniciaron el experimento democrático más longevo y exitoso de la historia se negaban a pagar los impuestos del parlamento británico, donde no tenían representación, y fueron a una guerra para ganar su libertad. “Ustedes dicen / El precio de mi amor no es un precio que estén dispuestos a pagar”, canta el rey Jorge en el musical Hamilton, el más popular de los últimos años.

Esa violenta separación dio lugar después a una alianza inquebrantable, un puente sobre el Atlántico que ha marcado el rumbo de la historia, y que el presidente, Joe Biden, y el rey Carlos III renovaron con su primer contacto telefónico. Biden ofreció sus condolencias por el fallecimiento de la reina Isabel II, una monarca popular en Estados Unidos.

La Casa Blanca dijo que Biden recordó “con cariño la amabilidad y la hospitalidad de la Reina” cuando lo recibió junto a la primera dama, Jill Biden, en el Castillo de Windsor en junio pasado.

Biden fue el último presidente norteamericano que vio a Isabel, quien llegó a conocer a 13 presidentes desde Harry Truman, en la posguerra. El único de los últimos 14 líderes norteamericanos que no llegó a ver a la Reina cara a cara fue Lyndon Johnson.

El presidente estadounidense también “transmitió la gran admiración del pueblo estadounidense por la Reina, cuya dignidad y constancia profundizaron la amistad perdurable y la relación especial entre Estados Unidos y el Reino Unido. El presidente Biden transmitió su deseo de continuar una estrecha relación con el Rey”, dijo la Casa Blanca en un comunicado.

Biden será uno de los cientos de mandatarios que viajarán a Londres la semana próxima para el funeral de Isabel, “el funeral del siglo”, que comenzó con una solemne primera ceremonia este miércoles cuando el féretro con los restos de la soberana fue trasladado desde el desde el Palacio de Buckingham hasta el Palacio de Westminster, acompañados por salvas de cañón, las campanas del Big Ben, una banda militar que tocó marchas fúnebres y la mirada de miles de fieles agolpados contra las vallas.

Londres espera que pasen al menos 400.000 personas delante del féretro durante los próximos cuatro días y medio, hasta el funeral de Estado, el lunes.

En Estados Unidos, antaño la colonia rebelde, que se sublevó y se independizó y se convirtió en la primera potencia global, la reina Isabel era una figura popular, querida, admirada, pese al profundo rechazo de los norteamericanos a la monarquía, y el orgullo inagotable por su independencia. De hecho, según una encuesta de YouGov, Isabel era la figura más querida de la monarquía británica después de Lady Di, la “princesa de la gente”, como la llamó Tony Blair.

“¿Fue Isabel la Reina de Estados Unidos? Esta semana pareció que sí”, tituló una nota The New York Times, recabando la enorme atención y las repercusiones que provocó la muerte de la soberana. Un gesto: Biden ordenó que las banderas de las agencias federales fueran izadas a media asta.

Isabel también fue honrada en la apertura de la temporada de fútbol americano, uno de los deportes más populares del país: antes del juego inaugural entre los Rams de Los Angeles y los Bills de Buffalo, la NFL ordenó un minuto de silencio en honor de la monarca.

Debate

Pero, más allá de los honores, la muerte de la Isabel gatilló una discusión sobre el colonialismo británico en una época de plenitud del revisionismo histórico. “Lloren a la reina, no a su imperio”, escribió en el Times la historiadora de Harvard, Maya Jasanoff, autora de tres libros sobre el Imperio Británico.

“Ella ha sido un elemento de estabilidad, y su muerte en tiempos ya turbulentos enviará ondas de tristeza por todo el mundo. Pero no debemos romantizar su época”, escribió Jasanoff. “Tanto por su diseño como por el accidente de su larga vida, su presencia como jefa de estado y jefa del Commonwealth, una asociación de Gran Bretaña y sus antiguas colonias, puso un frente tradicionalista impasible durante décadas de agitación violenta. Como tal, la reina ayudó a oscurecer una historia sangrienta de descolonización cuyas proporciones y legados aún no se han reconocido adecuadamente”, señaló.

Mucho más frontal, Uju Anya, profesora afroamericana de la Universidad Carnegie Mellon, tuiteó: “Si alguien espera que exprese algo más que desdén por la monarca que supervisó un gobierno que patrocinó el genocidio que masacró y desplazó a la mitad de mi familia y cuyas consecuencias los que estamos vivos todavía estamos tratando de superar, puede seguir deseando a una estrella”. Anya dijo a la cadena que era una “hija de la colonización”, una mirada compartida por otros en la comunidad afroamericana.

If anyone expects me to express anything but disdain for the monarch who supervised a government that sponsored the genocide that massacred and displaced half my family and the consequences of which those alive today are still trying to overcome, you can keep wishing upon a star.

— Uju Anya (@UjuAnya) September 8, 2022

Esa reacción provocó una defensa de una de las figuras más controvertidas de la ultraderecha, el comentarista de Fox News, Tucker Carlson: “El Imperio Británico no fue perfecto, pero fue mucho más humano que cualquier otro”, dijo en su programa vespertino.

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