Tano Cafiel y un relato a flor de piel sobre la experiencia de llevar energía al paraje “El Durazno”

La Voz Del Quequen

En un nuevo emprendimiento solidario del Prof. Norberto “Tano” Cafiel y un grupo de alumnos del Centro de Formación Profesional Nº 402, se dotó exitosamente de energía a un punto del paraje “El Durazno”, ubicado en Jujuy, casi al límite con Bolivia y a más de 4 mil metros de altura.

En “Voces de la Ciudad”, Cafiel dialogó con el periodista Jorge Gómez y con una honda emoción empezó relatando que “la historia arrancó hace unos cuatro meses cuando uno de los alumnos vino con una propuesta, ya que hay una asociación en Buenos Aires que son padrinos de una escuela en el paraje “El Durazno”, a 4500 metros de altura, a unos 50 kilómetros de Tilcara, Jujuy, al límite con Bolivia”.

“Allí hay un puesto sanitario donde el enfermero hace de médico, cura, padre, amigo y todo, quien se iluminaba con una lamparita vieja de auto de dos filamentos, aunque parezca mentira en el 2022… con eso iluminaba, cocía a un accidentado y demás tareas”, reveló el profesor.

Además resaltó que “conseguimos en la ciudad las donaciones necesarias para costear el combustible, 92 mil pesos gastamos en eso, e hicimos 4800 kilómetros. Estamos muy agradecidos con toda la gente de Necochea que nos apoyó”.

Cafiel reconoció que el desafío “fue complicado, pero fuimos y pudimos cumplir el objetivo. Fuimos 4, con Isaías, Luis y Mariano. Llegamos a Tilcara, viajamos 28 horas seguidas hasta llegar allá, paramos y dormimos en un lugar que nos prestó el intendente de Tilcara”.

Camino a “El Durazno”, Cafiel describió una experiencia única: “Nos contaban cómo teníamos que hacer para caminar y atravesar porque no tenés oxígeno… hay un momento que se te desconectan las piernas de la cabeza, es una pelea con uno mismo porque llega un momento que querés decir basta y atrás vienen los burreros con las cargas. Ellos parecían unas ferraris y yo un fitito. La cabeza quería pero me temblaban las rodillas, las piernas no respondían, aunque tomés te de coca o lo que sea. Descansás un ratito y seguís, y vas… son 12 horas para llegar a destino, entre las subidas a caballo y las bajadas a pie”.

Acto seguido relató que “llegamos de noche al lugar, ahí fue la primera emoción, cuando llegás de 12 horas de caminar querés tomar agua, y cuando la vas a abrir te dicen “pará, hay que hervirla porque no es potable”… la hervís y tomás agua caliente porque no querés esperar más. Después a dormir en el piso, pero viene el enfermero y te dice que dentro de una horita y media te levantes y barras, porque puede haber lacranes o lagartijas”.

En cuanto al objetivo del viaje en sí, Cafiel contó que “cuando vi que el enfermero prendió la luz para trabajar, una lamparita de auto, me quería morir… a la mañana siguiente nos pusimos a trabajar, nos íbamos a quedar un día y nos quedamos dos porque no llegábamos con el tiempo, pero quedó iluminado. Pusimos unas 17 pastillas de power led y quedó como de día, y en el consultorio lámparas Led de 12 volts… toda la iluminación la hicimos en 12 volts, cuestión de que si se bajan las baterías pierda intensidad pero esté iluminado, y en 220 V para que tengan una heladera, ya que si no hay heladera no hay medicamentos conservados. Así que pudimos armar dos sistemas dentro de la unidad sanitaria”.

Luego de eso, Cafiel siguió con su testimonio al contar que “había un hombre del lugar que se largó a llorar de la emoción, que decía que no se lo merecía y cómo nos acordamos de él estando tan lejos, a más de 2 mil kilómetros… cómo no te lo vas a merecer le dije, si estás haciendo patria atendiendo a casas que se encuentran a media hora o 40 minutos, y pusimos una bandera que nos donó Juan Carlos Moreira. Fue una cosa fantástica, ahora pueden entre otras cosas, cargar la batería del teléfono, algo que podían hacer si se trasladaban hasta una escuela a 45 minutos”.

Mientras que a la vuelta, “tardamos 10 horas para llegar a Tilcara y una satisfacción personal fue caminar cuatro horas en descenso, pero llegamos muy bien. A la vuelta Fito Ávila (Adolfo) nos prestó una casa familiar en Santiago del Estero para que los muchachos duerman un rato porque veníamos agotados, llegué a Necochea y dormí 12 horas de corrido”, acotó.

Finalmente, Cafiel reflexionó que “lo más saludable es haber llevado el nombre de la ciudad y una casa de estudios local que apuesta a estas cosas, como es el Centro de Formación Profesional Nº 402… no nos equivocamos cuando dijimos que los alumnos tienen que hacer las prácticas en cosas tangibles que queden para el bien común, eso no se lo van a olvidar nunca”, y aseguró que “me quedó en las retinas la emoción del enfermero”.

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