Fernando Gago y un premio merecido: de su particular definición sobre la “mala suerte” a poder gritar campeón

Como campeón es uno solo, el fútbol muchas veces suele ser más cruel -desde las repercusiones y los juzgamientos- con el que salió segundo que con aquel que se quedó en la mitad de la tabla. La campaña de Racing fue muy buena durante el año, pero eliminaciones dolorosas en la Copa Argentina, Copa de la Liga y la Copa Sudamericana, además del desenlace en la última fecha de la Liga Profesional ante Boca, llenaron de frustración al plantel, cuerpo técnico e hinchas de la Academia. Como el fútbol no repite escenarios pero da revancha. Y este domingo Racing lo confirmó: gritó campeón en el Trofeo de Campeones.

Racing vs. Boca, Boca vs. Racing, con todas sus historias a cuestas y antecedentes todavía frescos que dejaron su huella. Ahora que la Academia venció con el gol de Carlos Alcaraz, ¿será suficiente para dejar atrás el dolor por el título que se le escapó en el último segundo? ¿Racing reabrió el debate sobre quién fue el mejor del año? En el medio, un protagonista: Fernando Gago, el DT que merecía un premio en este 2022.

Ya desde su época de jugador Gago cosechaba tantas adhesiones por su estilo de juego como rechazos por algunos gestos que hacía en el campo de juego. Un volante central distinto que supo dejar en claro su condición de crack tanto en Boca como en la selección argentina. Y ahora tiene la particularidad que busca que sus equipos jueguen como él: bien, con elegancia, tenacidad, convicción, resiliencia, protagonismo. Racing no sólo lo intenta, sino que son más las veces que lo logra. El cabezazo de Gabriel Hauche a Tigre para el 3-2 fue, desde los gestos técnicos, un golazo. La Academia acostumbra hacer esos goles, por más que llega mucho más de lo que logra convertir, que igual no es poco. Eso es el reflejo de un trabajo de campo de Gago y su cuerpo técnico. Hay un camino, una búsqueda, una fluidez ofensiva que genera admiración en propios y extraños. El gol de Alcaraz a Boca, sobre el final, es otra muestra de ese ataque vistoso que acompañó al equipo todo el año.

El gol de Alcaraz que valió un título

Quizás los “detalles” no le jugaron a favor a lo largo de la mayoría del año, como el penal que terminó pateando Jonathan Galván ante River y que atajó Armani, que privó a la Academia de dar la vuelta olímpica. También algún que otro cambio tardío -o demasiado rápido- en el largo recorrido del certamen, pero si Racing llegó a la definición como llegó, es porque sumó la cantidad de puntos necesarias para pelear hasta el final. Y con argumentos validados por los rendimientos.

Pocas veces se vio una superioridad tan marcada entre un equipo y otro el 14 de agosto pasado, en el Cilindro de Avellaneda. El partido terminó 0-0, pero Racing peloteó a Boca de tal manera en la primera etapa que merecía golear (8 situaciones contra 2 xeneizes; en el global, 13-7). Agustín Rossi figura, situaciones desperdiciadas, pero el dominio (aunque no se pudo traducir a la red) fue atronador. Habrá sido el peor primer tiempo del equipo de Hugo Ibarra, aunque en la segunda parte levantó y también se pudo llevar el triunfo. Racing tuvo una posesión del 66%, generó 18 remates y nueve córners, pero no pudo festejar esa tarde.

No fue igual, pero en la eliminación ante Boca por penales en la cancha de Lanús, por la Copa de la Liga, también Racing había logrado ser ampliamente superior (8-0 en situaciones de riesgo), aunque sin generar tanto como en Avellaneda y el mismo resultado: 0-0. En el segundo tiempo se aflojó, pero no siempre le sucede. Por algo hubo partidos que la Academia ganó con el corazón. No sólo por cómo le dio vuelta el partido a Tigre (de 0-2 a 3-2) y Unión (caía 0-1 faltando 17 minutos y se impuso 2-1), también tuvo una reacción increíble en la victoria ante Rosario Central (perdía 1-3 y ganó 4-3).

En la final disputada este domingo en San Luis, Racing volvió a generar chances de gol, aunque en el reparto fue el más parejo de los cruces, con 8 chances por lado. Pero la Academia tuvo el empuje y la vocación ofensiva de siempre para, más allá de la ventaja numérica, empujar hasta el final y buscar ganarlo antes de los penales.

Gago nunca dejó de responder ante las inquietudes periodísticas, hasta hizo una conferencia de prensa para medios partidarios, los que están en el día a día, para responder ante los reclamos. Esa jornada dejó en claro que no le da lo mismo ganar que perder. “Yo quiero un equipo que gane, ¿pero sabés qué pasa?, si llegó a decir ‘vamos a salir campeón’ y no salgo campeón, ¿qué me vas a decir? Te lo pregunto bien. ¿Si no salgo campeón vas a decir que no cumplimos el objetivo? Ah, bueno. ¿Seguro? ¿Sólo eso? Listo, voy a ser campeón este campeonato, ahí tenés el título. Pero si no llegamos a ser campeón, quiero ver el título tuyo. Listo, perfecto”.

Desde lo futbolístico, Gago evolucionó en función de su propia versión como entrenador en Aldosivi. Aparecieron los matices, menos en la balanza, donde se mostró inflexible para no concentrar a varios jugadores que estuvieran por encima del peso permitido. Pero potenció a casi todos los jugadores del plantel y fue más decidido a realizar modificaciones en función de lo que el partido le estaba pidiendo, incluso a meter un defensor más para proteger un resultado sin importar el qué dirán. Así lo explicó luego de la derrota contra River: “Con el resultado a favor hicimos una línea de tres. Ellos tenían dos delanteros y uno fijo y por eso puse la línea de tres. Había jugadores cansados y con golpes. Ahora… ¿Cuántas veces ustedes me criticaron cuando íbamos ganando y no busqué cerrar un partido…?”.

Contra Tigre y Boca también hizo movimientos tácticos buscando corregir algunas cuestiones, pretendiendo explotar mejor otras llaves para llegar al triunfo.

En aquél encuentro también había hablado del tema central de la definición del título: por qué pateó Galván el penal: “El que decide patear un penal es el jugador de fútbol. Se pueden practicar 25 penales todo el día, pero dentro del campo, en las circunstancias de juego, en el tiempo que sea, el que decide es el jugador, no puedo obligar a patear al jugador”, argumentó. Y planteó: “¿Saben a quién le dije que patee? A Vecchio con Defensa y Justicia. Lo erró. Yo designo dos o tres jugadores, pero el que decide es el jugador. Yo puedo designar a diez jugadores, después el que toma la decisión es el futbolista dentro del juego. Vuelvo a repetir, yo pongo cinco en la lista para patear el penal y termino diciendo ‘patea el que quiere’. No es que yo pongo o no pongo”.

Las últimas frustraciones como DT parecían golpearlo, hasta ahora, como lo hicieron las lesiones en su etapa de futbolista. Pero Gago tiene las ideas claras. “¿Sabés cuántos títulos perdí en mi carrera? Un montón. ¿Sabés cuántos gané? 17, un montón también. Pero perdí un montón más de los que gané. Perdí una final del mundo, perdí una final de Libertadores, perdí partidos, perdí tres finales de Copa América… Esto es así, gana uno solo”, había dicho el 1° de septiembre pasado.

Pocos saben del significado de la palabra resiliencia como Gago. “Muchos pueden pensar que tuve mala suerte por las lesiones que tuve en mi carrera, y yo pienso distinto. ¡No tuve mala suerte!. Es depende de lo que busques y cómo te enfoques. Porque eso me hizo crecer, me hizo mejor persona, me hizo mejor; yo cuento las cinco veces que volví después de esas lesiones. Esa es la diferencia”. Lo que pasó, pasó. Gago no se enfoca en la mala suerte, sino volver más fuerte. El destino le dio ahora una tercera posibilidad: una nueva “final” con Boca para demostrar, en el campo de juego, que Racing no sólo es capaz de jugar mejor que su adversario, sino que además puede hacer goles y gritar campeón.

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