Selección argentina. Prohibido lamentarse: el Mundial le dio a la Argentina la más inesperada bienvenida

Como la arena, que desde su dorada inmensidad domina el paisaje qatarí, convertido hasta las vísperas de la navidad en la capital futbolística del planeta fútbol, así se le escapó de entre sus manos el partido inaugural a la Argentina. Impotente ante el sistema defensivo rival, disperso durante cinco minutos fatales y desvitalizado para reaccionar frente al aturdimiento propiciado por el shock saudí, el bautismo mundialista albiceleste no pudo ser más impiadoso. Si como bien dijo Scaloni, los mundiales se definen y se ganan por detalles, la acumulación de indicios que el partido fue entregando como pequeñas señales, ayudan a la hora de componer la trama argumentativa del partido.

El fútbol es una lucha por la ocupación de los espacios. Quien mejor y más rápido los ocupa habitualmente abandona el campo con una sonrisa. Sin dinámica es imposible encontrar fluidez en el juego, sin precisión es complicado armar sociedades y sin creatividad es dificultoso dominar los duelos individuales. La telaraña de la reducción de espacios sistematizada por los árabes, fue un jeroglífico que aún esperado, la Argentina no pudo resolver sin caer en offside casi una decena de veces solo en el primer tiempo. Inofensiva y sin variantes, solo la generosidad del VAR le permitió al conjunto argentino y a Messi tomarse revancha desde los once metros, de lo que había sido su primer remate antes de los dos minutos cuando el partido aún se desperezaba.

Sin pasar apremios, pero con una deuda de juego evidente, la ventaja llevada al descanso podía suponer ciertos ajustes para atacar mejor y rematar la faena. Sin embargo lo que vino fue una tormenta y no precisamente desde el desierto. Dos puñales tan inesperados como certeros se clavaron en las zonas sensibles de un equipo sin colmillo para edificar una remontada. Aún tratándose de jugadores con sobrada experiencia internacional, el equipo cayó en el tan temido escenario semidesconocido de la desventaja del que no encontró herramientas para salir, mostrándose, al menos hoy, novel para aprobar esa materia imprescindible. La idea tan básica como real, de que una mala actuación aumenta las chances de perder se hizo realidad en el momento menos esperado.

El Mundial le dio a la Argentina una bienvenida impiadosa. La Copa del Mundo no te espera y ese posible desfasaje entre el momento de algunas individualidades y la velocidad de la competencia acelerada por el traspié inoportuno, obligará al entrenador a aplicar con lucidez quirúrgica cada una de sus decisiones. La única chance de tropiezo se gastó de forma precoz y a partir del segundo acto y no del cuarto como podía imaginarse, todos los partidos se volverán “cornisa”, sin el más mínimo margen para caminar en falso.

Salir con pupila y muñeca del estado de shock, será tan necesario como recordar que este equipo se ganó sus medallas en una interesante y paulatina construcción edificada en los últimos dos años. Ya no hay bala de plata pero sigue habiendo razones para creer en la reacción, mostrar resiliencia y exhibir personalidad.

El empate entre polacos y mexicanos abre el juego del grupo para los cuatro integrantes y aunque puede leerse como un guiño favorable, las señales positivas deben llegar desde adentro. Sin espacio para la duda, sin margen de error, siempre se puede confiar en la rebeldía, propia del gen del jugador argentino. Como siempre, ellos tienen la última palabra.

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