Transformaron un sector emblemático del casco histórico de San Isidro para que recupere el “esplendor de los años 30″

Símbolo barrial, punto de encuentro de todas las generaciones de sanisidrenses, la icónica Plaza Mitre frente a la Catedral vuelve a brillar tal como era en la primera mitad del siglo XX. Se eliminaron los chapones que la rodearon durante meses para dar paso en su interior a una serie de obras de ingeniería hidráulica. Una vez consolidada la estructura bajo tierra se logró la recuperación de todos sus componentes originales desechando intervenciones posteriores.

La placita de San Isidro, o la plaza de la Catedral, como la llaman los vecinos, es un espacio verde sobre una barranca a metros del Río de la Plata que ocupa casi una hectárea en la zona fundacional del partido, en el Casco Histórico. Está ubicada en la avenida del Libertador al 16.200, en un tramo donde la arteria del norte conurbano se angosta. Antes de la pandemia el espacio público era visitado por 3000 personas los fines de semana. Llegaban atraídas por la imponente catedral neogótica, por las antiguas casonas coloniales y los paseos de calles tranquilas que rodean al conjunto urbano.

Sin embargo, la plaza había entrado con el correr de los años en un paulatino estado de desidia y abandono provocado principalmente por las filtraciones de agua de lluvia que hundieron y rompieron las baldosas transformando algunos sectores en un barrial. Incluso, cuando había tormenta el agua caía como una catarata a través de la escalera principal. Poco tenía que ver ese aspecto con el de su época dorada, entre 1930 y 1950.

También, y como consecuencia del agua, se quebraron las históricas balaustradas que rodeaban al paseo y los bancos. Según explicó a LA NACION el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, esto se debió a que el predio inicialmente fue un baldío donde luego se hizo una plaza sin ningún estudio del suelo previo: “El problema es que todas las barrancas son barrosas y esto provoca que las construcciones en la superficie terminen por quebrarse”.

“Es la primera vez que se encara una obra de esta magnitud. Las anteriores intervenciones fueron parciales”, informó el municipio. Lo primero fue instalar sumideros y desagües pluviales para hacerlos converger hacia un nuevo colector sobre la calle Ituzaingó, en bajada, que a su vez conecta con otro caño mayor, el de Primera Junta, con salida directa hacia el río. “Tuvimos que levantar toda la plaza y hacer varias obras dentro de una sola”, explicó Posse. Para eso se instalaron un total de 660 metros lineales de caños pluviales, entre otras tareas.

También solucionaron la rotura de solados, escaleras y cordones de vereda a causa del crecimiento desmedido de las raíces de árboles centenarios, especialmente las tipas, especie característica de la zona, explicó durante una recorrida por la plaza Leandro Martín, subsecretario de Espacio Público del Partido. Para eso “se contuvieron con un nuevo mallado de hormigón las raíces. Lo hicieron en profundidad y alrededor de los cuatro árboles centrales y más importantes del predio donde también hay cuatro palmeras, un ciprés y el icónico ombú”, detalló.

En total se conservaron los más de 70 árboles del espacio a lo que se suman los canteros de ligustrinas que estuvieron durante años cercados por rejas de poca altura pero que ahora fueron eliminadas. No formaban parte del proyecto original, ni servían para evitar que la gente atravesara el paseo caminando sobre las plantas y el pasto.

“Contamos con árboles de más de 115 años que debemos mantener regularmente, alivianándolos a lo alto, así prolongamos su permanencia “, dijo Posse, haciendo referencia a la posibilidad que tienen ahora los expertos en ecología del municipio de entrar con grúas y para podar. Antes las ramas demasiado crecidas impedían el ingreso del sol otorgándole oscuridad al paseo.

En cuanto a la iluminación se instalaron 9300 metros de cables eléctricos soterrados mayormente y se restauraron las 53 farolas de época del espacio público donde las parejas declaraban su amor, se jugaba al truco o los jóvenes se reunían al salir de las escuelas y colegios de la zona. Todas costumbres que vuelven a partir de la apertura del tradicional espacio rodeado por el Obispado de San Isidro, el colegio San Juan el Precursor, el Paseo de los Ombúes y las antiguas casonas, además de la catedral inaugurada en 1989.

El plan buscó rescatar los elementos que le otorgaron al espacio su identidad: el arbolado, los monumentos conmemorativos y ornamentales, el reloj floral de 1913, las balaustradas y escaleras, los bancos de hormigón y de madera blancos, el bebedero, las farolas y el solado de ladrillos fabricados en San Isidro. “El presupuesto destinado para las obras fue de 216 millones de pesos. Trabajaron 150 operarios”, informó el municipio.

Ladrillos originales

“Recuperamos 17.000 ladrillos originales con su logo de fábrica, San Isidro, y construimos una ventana histórica con esos ladrillos originales y revestimos el solado rojo de toda la parte baja de la plaza con réplicas. Se repararon los bebederos, los 30 bancos y se colocaron balaustres faltantes restaurándose en forma completa toda la franja de la balaustrada original”, detalló Martín.

En cuanto a los monumentos, se puso en valor el busto en mármol del general Bartolomé Mitre; el padre Pedro Leopoldo Menini, o el Cura gaucho y el del exintendente Adrián Beccar Varela. A su vez se trasladaron los monolitos agregados con posterioridad como el Hito a la Argentinidad y el Monumento a La Paz. El nombre de la plaza hace referencia a Mitre quien ya en 1910 contaba con su propia estatua en una posición destacada, en el sector alto del paseo, junto frente al templo. Tanto las esculturas como las balaustradas, entre otros elementos, fueron recuperados por José Mastrángelo, quien aprendió el oficio de su padre, Héctor, y hoy se dedica a la restauración de edificios y monumentos históricos, así como también a la producción de ornatos, glorietas, fuentes y columnas.

La investigación de fotografías históricas permitió identificar cortes de época y como el paseo fue transformándose a lo largo de los años, sin tener una fecha particular de inauguración. San Isidro nació sin plaza, contrariando los preceptos de las leyes de época provenientes de España, donde las ciudades iban creciendo a partir de la plaza principal. Para su puesta en valor se tomaron los años de 1930 a 1950 que ofrecen el aspecto más consolidado del sitio, tanto en lo referido a su materialidad constructiva como a su paisajismo. Podría decirse que fue la época de mayor esplendor del paseo.

“Mínima intervención y máxima preservación”, fue el lema bajo el cual se encararon los trabajos aprobados y luego supervisados por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos. El espacio está comprendido dentro de un polígono declarado Solar Histórico Nacional por decreto del año 1963. Esta declaratoria incluye también a la Catedral y al Paseo de los Tres Ombúes.

Para conocer la historia de Plaza Mitre se creó un Centro de Interpretación, es decir un museo, al costado de las escaleras centrales. En el lado opuesto se instalaron nuevos sanitarios. El solado colocado cuenta con una franja especial por donde se pueden desplazar las personas no videntes y se construyó una rampa especial para que quienes tengan movilidad reducida transiten hasta la mitad del predio. En total habrá tres bajadas, la escalera principal, una para personas con discapacidad y a su lado una peatonal.

En el nivel inferior, separado por la escalera, volvió a dar la hora el tradicional reloj floral de 1913, cuando las autoridades buscaron contar con uno similar a las postales de la ciudad de Edimburgo, Escocia. Para ello convocaron a Don José de Testorelli, quien deja su Suiza para en 1887 abrir las puertas de su tienda, en el aristocrático pueblo de San Isidro. El hombre trabajó ad honórem consciente de que la importancia histórica que adquiriría el reloj.

La plaza renovada se inauguró oficialmente el sábado 12 de noviembre pasado y desde ese momento hasta la fecha comenzó a verse movimiento dentro del predio. Algunos vecinos, como Corina Alauzis, opinaron de inmediato en redes sociales: “¡Muy linda! Espero que todos los ciudadanos la cuiden”. Mariel Silba posteó “bellísima”, y Cristina Allweiler felicitó al municipio por su “gran trabajo”.

La noticia de la apertura fue recibida con especial emoción por uno de los miembros de una tradicional familia de la zona, Soledad Beccar Varela: “Tengo 66 años y viví siempre a cuatro cuadras de la plaza. Soy nieta de Adrián Beccar Varela, cuyo busto está en el paseo. Mi abuelo fue quien trajo la idea del reloj floral”.

Mientras estuvo cerrada al público, las críticas vinieron desde el partido vecinalista Con Vocación, que en abril pasado convocó a una marcha para pedir la reapertura de la Plaza Mitre cuestionando la demora en terminar los trabajos. Si bien el proyecto inicial indicaba que las tareas iniciadas en abril del 2021 demandarían casi un año, ese plazo se extendió por seis meses más. Según Leandro Martín, fue debido a las “dificultades para trabajar durante la pandemia y a la magnitud de los trabajos hidráulicos encarados”.

En términos generales, el objetivo del plan es fomentar la economía local generando un circuito turístico que abarque Plaza Mitre, el Bajo de San Isidro y los museos de la zona. Sin embargo, el Centro Comercial de la Estación San Isidro del Tren de la Costa nacido en la década de los 90 continúa cerrado y en estado de abandono. A mediados del año pasado el Estado anunció que pasaría a ser una sede de la Universidad Nacional Raúl Scalabrini Ortiz.

Respecto de su futura puesta en valor, Posse fue optimista: “Gabriel Katopodis se habría mostrado interesado en avanzar con el proyecto y estamos trabajando bien en ese sentido”, dijo en relación al Ministro de Obras Públicas de la Nación, organismo a cargo de las obras.

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