Del tatuaje secreto al beso en San Bernardo: la increíble historia de amor del jugador argentino que Riquelme alababa

Desde su debut en Boca con solo 16 años, Leandro Paredes demostró que era un jugador diferente. Heredero del gen argentino del buen pie y la cabeza levantada, logró enamorar con poco más de 30 partidos a la hinchada xeneize e incluso al propio Juan Román Riquelme, que en su primer partido en La Bombonera le regaló su camiseta sin necesidad de que la joven promesa se la pida. Sin embargo, el ahora número 5 de la Selección tuvo siempre otro sueño, muy alejado de las canchas: conquistar a Camila Galante.

Es que la historia de Leandro y su esposa se remonta a varios años atrás, cuando el ahora volante de la Juventus tenía 13 años y ella 15. Hermana de uno de sus compañeros de las inferiores de Boca, él asegura que se enamoró de ella la primera vez que la vio. “Era muy chico y yo le decía a mi mamá que era mi novia y aún no lo era, pero yo decía que me iba a casar con ella”, contó en el video de su presentación del PSG.

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Y ese amor le hizo hacer locuras, a tal punto de que decidió tatuarse su nombre cuando todavía no eran novios. Así, aprovechó el amor de su hermana Jimena por los tatuajes y logró que le firmara la autorización (él era menor) sin saber que lo que iba a escribirse era el nombre de su amada.

“Mi hermana Jimena me dijo: ‘No te vas a hacer el de Cami’. Y me puse el nombre. Ella cuando lo vio se puso a llorar. El padre era celoso, mal”, rememoró Leandro en una charla en el ciclo de entrevista por Internet Fernet con Grego.

Por ese entonces, Leandro aún jugaba en las inferiores de Boca sin saber que, en cuestión de dos años, cumpliría su sueño de jugar al lado de Riquelme. Era la antesala de conquistar al amor de su vida.

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Fue cuando él cumplió 14 y ella 16 que se pusieron de novio. El lugar fue San Bernardo, en el Partido de la Costa. Ramiro Galante, hermano de Camila y por ese entonces compañero de inferiores de Paredes, fue quién descubrió la relación. Sin embargo, la reacción que tuvo fue totalmente diferente a lo que ambos esperaban.

“Nos vio que nos estábamos dando un beso. Viene y en vez de decirme algo a mí le dice a ella: ‘Si lo hacés sufrir a mi amigo, no me hablés más’. Y se fue”, contó Leandro en una entrevista.

Luego llegó el debut en Boca, en el Apertura 2010. Leandro había dejado el secundario, pero el Bichi Borghi, por ese entonces técnico del Xeneize, lo subió al equipo de Primera a cambio de que terminara el colegio. Su debut se dio frente a Argentinos Juniors, sin embargo, serían pocos los partidos que jugaría después. La salida del DT le dio lugar a Julio César Falcioni, que prefirió no contar con Paredes como titular permanente.

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Fue recién en la temporada 2012-2013 que llegaría la continuidad en Boca, mientras tanto, la relación con Camila iba viento en popa. El talento del jugador llamó la atención de los equipos más importantes de Europa, y a pesar de una larga lesión, provocada por Agustín Orión en un entrenamiento, solo se necesitaron solo cuatro partidos tras su vuelta para que la Roma quisiera contratarlo.

Ya por ese entonces, Leandro y Camila vivían juntos, pero no solos. Dos meses antes de su viaje a Italia, nació Victoria, su primera hija. La flamante familia se movió mucho por esos años: primero Verona (donde estuvo a préstamo en el Chievo, para acostumbrarse al fútbol italiano); luego los tres volvieron a la capital italiana, donde jugó por dos años, y un nuevo préstamo, esta vez al Empoli, hizo que la familia Paredes tuviera que hacer las valijas, esta vez para la región de la toscana.

Su rendimiento en el Empoli fue mayor al esperado, a tal punto que logró llamar la atención del fútbol ruso, que está un escalón más abajo que las grandes ligas europeas en rendimiento, pero no así en economía.

El Zenit desembolsó 23 millones de euros para llevar el talento de Paredes a San Petersburgo. Fue justo en esos meses finales en Italia que nació Giovanni el, hasta ahora, último hijo de la pareja. Menos de un año después, Leandro y Camila dieron el “Sí” y se casaron.

Tras su boda, Jorge Sampaoli, por ese entonces técnico de la Selección, lo convocó por primera vez. Luego de jugar algunos amistosos, y ser parte de la lista de los Preseleccionados para el Mundial de Rusia, Leandro quedó afuera. Así se alejó, de momento, su sueño de defender la camiseta de la Argentina en un Mundial.

Mientras tanto, la familia se mudó a París. El talento de Paredes lo había llevado al PSG, que apostaba fuerte por ganar su primera Champion League. Fue en el club francés que el matrimonio se hizo amigo de Ángel Di María y Jorgelina Cardoso, como también de Neymar y más tarde, de Lionel Messi y Antonela Roccuzzo.

Camila Galante se convirtió, desde entonces, en parte del grupo de esposas de los jugadores de la Selección, que siempre se muestran juntas y con mucha buena onda.

Con el PSG llegó la continuidad en la Selección, su primera participación en la Copa América, en 2019, y su consagración como figura de la celeste y blanca en la Edición del 2021, donde Argentina se terminó consagrando campeona.

El sueño de la Selección sigue vigente en Qatar a pesar de la derrota con Arabia Saudita, por lo que para acompañarlo en su gran objetivo, Camila Galante y sus dos hijos ya están en Doha, esperando poder verlo cumplir el gran sueño de cualquier jugador de fútbol.

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