Pat Mastelotto: el recuerdo de su debut porteño con King Crimson, su nueva visita con Stick Men y… las ganas de comer pizza

“¡Las pizzas!”, advierte Pat Mastelotto sobre el cierre de la entrevista por videollamada antes de llegar una vez más a Buenos Aires para tocar con Stick Men, el trío de rock progresivo que conforma junto a Tony Levin (stick) y Markus Reuter (guitarra) y que tocará este sábado 26 de noviembre en la Ciudad Cultural Konex. Lejos de ser un gesto demagogo, el baterista conoce la gastronomía clásica porteña desde hace ya varios años. A mediados de la década del 90, de hecho, su primera visita al país con King Crimson no fue como cualquier otra: “Buenos Aires es muy importante para mí, mi primera gira con King Crimson empezó allí y el fanatismo por la banda era tal que nos quedamos cerca de un mes. Alquilamos un departamento que daba al Obelisco, giramos por todo el país y volvimos a Buenos Aires. Nos quedamos tanto tiempo que compusimos muchísima música y sacamos un disco con esos shows (B’Boom: Live in Argentina, grabado en 1994 y editado en 1995)”.

A partir de entonces, tanto para Robert Fripp, líder de King Crimson, como para sus músicos, Argentina se volvió un destino recurrente. Tony Levin, bajista del grupo y uno de los máximos exponentes del Chapman stick o stick a secas (un instrumento de 10 cuerdas creado en la década del 70 que se toca con las dos manos sobre el diapasón) y Pat Mastelotto han regresado al país en reiteradas ocasiones. “Hace mucho tiempo que no vamos. Vamos a tocar muchas canciones nuevas del EP Tentacles y por supuesto algunos clásicos de King Crimson”, cuenta Mastelotto sobre la próxima fecha del trío.

Nacido en 1955 en California, Mastelotto es el típico músico de sesión cuya formación lo ha vuelto lo suficientemente versátil como para tocar en proyectos bien distintos. Desde la new wave con Mr Mister y XTC, el post disco con Pointer Sisters y también como ladero de Al Jarreau y Patti LaBelle, construyó su nombre como un baterista de referencia. Su llegada a King Crimson en la década del 90 terminó por consolidarlo y también le sirvió de aprendizaje. “Teníamos la formación de tres bateristas”, cuenta. “Y Robert Fripp nos decía que toquemos todas las noches como si cada canción fuera nueva. Recuerdo que fue un período de total libertad. Pero lo que más me quedó fue cuando nos dijo que si no sabíamos qué tocar, que no toquemos. Eso fue muy importante porque entendí cómo manejar los silencios y las dinámicas. Éramos tres bateristas, teníamos que aprender a escucharnos. Fue una gran enseñanza”.

Sin embargo, el manejo de los silencios y las dinámicas siempre fue una búsqueda para Mastelotto, que en 1982 formó Mr. Mister, una banda de new wave con muchísimos guiños progresivos. Tanto que su gran hit, “Kyrie” es una adaptación de una parte de la liturgia cristiana desde hace siglos (Kyrie eléison significa: “Cristo ten piedad”). “Fijáte que en ese tema, la batería entra muy tarde, después de un minuto casi”, cuenta. “Cuando la estábamos grabando me di cuenta de que iba a sumar más el efecto sorpresa de que entre tarde, que primero tenía que dejarle lugar a esos sonidos espaciales de sintetizadores. Para mí, la música se trata de dar todo el tiempo pequeñas sorpresas, aunque sean sutiles”.

Atento a que la música progresiva fue muy castigada desde el surgimiento del punk como su reacción destructora, Mastelotto hace sus diferenciaciones: “Prefiero el termino progresivo a prog. Y me parece que siempre es positivo pensar en términos de progreso. Los Beatles eran progresivos. Después sucedió que a principios de los 70 todo era prog, y se grabaron discos históricos entre el 71 y el 73: Fragile, de Yes; The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd y por supuesto los de Crimson. Si hacías prog, estaba todo bien. Y, como en todo, después pasó a ser visto como algo malo, peyorativo. En los 80 era casi un insulto (risas), pero sigo pensando en términos de hacer música progresiva. Hoy, bandas como Tool y Dream Theater hacen música progresiva, son muy populares y siempre nombran a las bandas de los 70 como sus influencias”.

Para Mastelotto, siempre se trata de entender qué pide cada música en particular. “El hip hop o la electrónica tienen beats cuantizados, una computadora siempre los va a resolver mejor que un humano, porque necesitás un tempo perfecto”, explica. “Por eso Questlove me parece increíble, hizo que el beat de hip hop pueda humanizarse y funcionar igual, pero en general ese tipo de ‘errores’ le quedan bien al rock o al jazz, ese corrimiento natural es parte del groove, de la esencia de esos estilos. Si a un grupo de jazz le ponés una batería programada, va a sonar horrible”.

Nada es blanco o negro para Mastelotto, que trabaja con todo tipo de baterías y programas también. “No reniego de las baterías electrónicas, uso muchas yo también”, aclara. “Desde hace décadas tengo una LinnDrum, que se parece a la 808 y me encanta, fue la primera máquina de ritmos que sonaba real. Me sirven los programas para componer cuando estoy de viaje e incluso para grabar. Hay que saber cuándo la música necesita de una cosa u otra. A mis alumnos les digo eso siempre y también que si quieren dedicarse a la música, que tengan un plan B, que piensen en un trabajo seguro por si no funciona. Lo cierto es que hay cada vez menos trabajo para los músicos, el vivo es lo que más nos queda, pero desgraciadamente no es una salida laboral segura para nadie”.

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