“Casi una utopía”. El sueño de los jóvenes cada vez más difícil de alcanzar y cómo impacta en su salud mental

“Los sueldos no alcanzan. Si quisiera pagar un alquiler yo sola, además de los gastos de comida y transporte, sumado a darme algún gusto, como viajar o comprarme ropa… sería trabajar solo para pagar el alquiler y las expensas”, cuenta Lorena Sosa, recepcionista en una cadena de hoteles de San Isidro, en la zona norte del Gran Buenos Aires.

Lorena, como muchos jóvenes-adultos de hoy, tiene 39 años y vive en la casa con sus padres en la localidad de Virreyes. Cobra $120.000 mensuales, y aunque el sueldo mínimo vital y móvil, según los últimos datos, es de $65.427, con el suyo no puede solventar una vida independiente, que implicaría alquilar un departamento. “A veces me dan ganas de irme del país. Sumar experiencia en hotelería y ver si puedo conseguir trabajo en otro lado”, explica.

Gracias a que sus padres todavía pueden apoyarla monetariamente, los gastos de Lorena se centran, básicamente, en pagar la tarjeta de crédito, el celular e internet. Es que en un contexto en donde los precios de los alquileres se disparan cada vez más, en muchos casos el sueño de una vida independiente y de una vivienda propia, comprada o alquilada, se afianza en eso: solo un sueño.

Hasta hace unos años, en la zona metropolitana de Buenos Aires, era común mudarse del hogar familiar al terminar los estudios universitarios, quien los cursara, o incluso antes para quien ya trabajara. Sin embargo, hoy en día esa realidad aparece cada vez más lejana, lo que genera nuevos fenómenos que van desde quienes deciden compartir departamento para apaciguar los gastos o a los que no les queda otra que quedarse en el hogar familiar pasados los 30 años o incluso cuando ya tienen hijos.

La imposibilidad de alcanzar la autonomía va de la mano con la inestabilidad económica. En este contexto, el martes de la semana pasada se conoció la actualización del índice ICL para enero y febrero: quienes hayan firmado su contrato de alquiler después de mediados del 2020 cuando se sancionó la nueva ley de alquileres y tienen la actualización anual en base a este indicador registrarán aumentos de casi el 84 por ciento.

La educación del hijo

Marisa, que prefirió no dar su apellido, tiene 35 años y es madre soltera de un hijo de siete años. Ella hoy vive en la casa de sus padres, quienes, además, la ayudan pagando la educación de su hijo. Esto incluye los gastos del colegio privado, la psicopedagoga y la fonoaudióloga.

Su arreglo es particular: de lunes a jueves su mamá y su papá viven en un departamento en la Capital Federal, mientras que ella se queda en la casa de zona norte con su hijo. Los veranos y los fines de semana conviven todos juntos ahí.

“Trabajo todo de manera online: tengo una tienda virtual donde vendo de todo (bebidas saludables, vinos, juguetes, frutas y verduras congeladas). También hago atención al cliente para una empresa argentina instalada en España (no gano mucho con esto, pero es un ingreso). Todo el tiempo estoy en la búsqueda de oportunidades”, cuenta Marisa.

Su historia también es particular. Cuando tenía 24 años se fue de viaje y se quedó a vivir en Nueva Zelanda. Allá consiguió un trabajo estable en el que ganaba entre US$800 y US$1000. Podía alquilar un lugar y se había comprado un auto propio. Luego quedó embarazada, decidió tener a su hijo en la Argentina y al mes se separó de su pareja. Lo perdió todo. “Así que tuve que empezar de nuevo, de cero y con un hijo”, relata.

La mayoría de los gastos fuera del colegio de su hijo los trata de pagar ella, pero muchas veces no le alcanza la plata. En estos casos sus padres la pueden ayudar. “Alquilar es imposible. Yo vivo en zona norte y eso implicaría un cambio en mi estilo de vida y en las comodidades que tengo. Me saldría más caro. No está en mis planes alquilar algo. En algún momento busqué, pero como todo es tan inestable acá… Cuando uno está solo puede hacerlo si se ajusta. Te vas a un monoambiente. Pero con un hijo necesitás más estabilidad”, afirma.

Nicolás Litvinoff es economista y director de la empresa estudinero.org. Respecto de los alquileres afirma que en los últimos años la “brusca devaluación del peso” generó que el ingreso en dólares de la población bajara en un 50%. Los alquileres, si bien bajaron también, no lo hicieron en igual magnitud. A raíz de esto se volvió inaccesible alquilar, sobre todo para los jóvenes que están comenzando su vida laboral. Los salarios de este sector, si es en una empresa, son salarios junior. “La pérdida del poder adquisitivo medido en dólares hace que los alquileres hoy estén demasiado altos para una persona que recién comienza su vida laboral o que la comenzó hace pocos años”, asegura.

Litvinoff considera que el sueño de la independencia es muy difícil de alcanzar para jóvenes de alrededor de 25 años, aunque también, cada vez más, para los mayores de 30.

En general, se recomienda que el costo del alquiler no supere el 15% o, como mucho, el 20% del salario total. Hoy alguien que está empezando no suele cobrar más de $200.000. Eso implicaría un alquiler de $35.000 aproximadamente. Sin embargo, el costo de un monoambiente en el barrio porteño de Palermo, por ejemplo, ronda los $77.500, según el sitio Zonaprop. Sí, la realidad se aleja por mucho de los números que plantea Litvinoff como el ideal.

Si Lorena, por ejemplo, quisiera alquilar un monoambiente en San Fernando, tendría que invertir el 52,5% de su sueldo en él, ya que, en promedio, este tipo de inmuebles ronda los $63.000, según Zonaprop. Es decir, sería un gasto muy por encima de lo que plantea el economista como recomendación.

Salud mental y vínculo familiar

Si bien muchos padres y madres están dispuestos a brindar ayuda monetaria a sus hijos, en algunos casos las consecuencias en los vínculos y en la salud mental de quienes no logran “despegar” puede ser perjudicial.

La psicoanalista Susana Kuras Mauer hace hincapié en la incidencia de la coyuntura socioeconómica respecto de la independencia del hogar parental. En este sentido, el alto nivel de desempleo y los bajos salarios provocan que la vida en el hogar familiar se prolongue y que alquilar se vuelva una meta inalcanzable para muchos. “Para los jóvenes que están empezando a trabajar, con salarios magros, la autonomía de vuelo es casi una utopía. Es decir que nuestro funcionamiento como sociedad traba significativamente el despegue de los jóvenes”, sostiene Mauer.

Tal es el caso de Karina Ardizzone, una joven de 32 años que, al igual que Marisa y Lorena, vive con su madre y sus hermanas: “Yo crecí en Moreno y me fui alrededor de 2012 para Capital. Alquilaba un monoambiente. No era tan caro, pero la verdad es que sumado a los gastos de la tarjeta de crédito no llegaba a fin de mes. Así que decidí volver y ahora vivo con mi mamá y dos hermanas”.

Si bien no es el caso de Karina, Mauer agrega que muchas veces el vínculo entre padres e hijos puede verse afectado debido a la convivencia: “La convivencia tardía puede producir incomodidad, mayor irritabilidad en la vida cotidiana y limitar la transición a la adultez”.

Respecto del impacto en la salud mental de los jóvenes, vivir en estas condiciones puede generar sentimientos de impotencia, pérdida de motivación y frustración. Esto provoca una baja de la autoconfianza en quienes buscan la autonomía pero no pueden conseguirla.

“Cuando la conquista de la independencia se ve tan obstaculizada, se afecta la posibilidad de proyectar hacia adelante. También se ve relativamente amenazada la seguridad en sí mismos”, sostiene Mauer. El sentimiento de angustia puede provocar en los jóvenes un desasosiego tan profundo que se acerca a la depresión.

Juan Eduardo Tesone es psiquiatra, profesor emérito de la USAL y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Al igual que Mauer, Tesone le da una gran importancia a la situación socioeconómica actual y cómo esto implica que muchos jóvenes sigan dependiendo de su familia: “La desproporción entre los ingresos y la posibilidad de independizarse es una brecha cada día más profunda”, opina.

En este sentido, Karina cuenta que en lo de su mamá aporta plata, pero como son varias personas colaborando, los gastos no resultan tan altos. Trabaja de administrativa en un estudio jurídico y tiene un sueldo mensual que ronda los $100.000. Además, explica que para conseguir un ingreso extra comenzó a dar talleres de lectura y escritura con lo que planea “ganar un poco más de plata para empezar a ahorrar”.

Ahorrar: la palabra que resulta casi imposible para muchos, sobre todo para quienes aún no pueden afrontar el gasto de alquiler y empezar el camino hacia la independencia.

La proyección a futuro se vuelve cada vez más imposible. Sobre esto Tesone explica que al no verse un “horizonte abierto”, la situación puede provocar depresión, hastío y escepticismo respecto de lo que depara ese futuro cada vez más incierto e inalcanzable. Y está de acuerdo con Mauer al sostener que estas situaciones pueden impactar negativamente en la convivencia con los padres, de los cuales es natural querer distanciarse y armar su propia vida.

Su comparativa es casi poética. Dice que el ser humano es la especie a la que le lleva más tiempo independizarse: mientras las golondrinas vuelan con sus propias alas a los pocos días de nacer, a los humanos les lleva años poder hacerlo.

El problema se genera, sobre todo, debido a que en términos de clase media, hay un formato preestablecido de lo que se desea: llegar a cierta edad, tener los recursos para mudarse e independizarse de los padres. Miguel Espeche, psicólogo y psicoterapeuta especialista en vínculos, explica que cuando esto se frustra por cuestiones económicas, todos los involucrados se perturban, tanto los padres, que esperaban tener en algún momento mayor libertad, como el joven que tenía el afán de independencia.

“Tiene mucho que ver con las expectativas. Por ejemplo, para quienes hacen una carrera universitaria prolongada y optan por priorizar eso la convivencia con los padres tiene un sentido distinto del joven que está con un trabajo fijo y no ve mucho horizonte como para modificar ese status”, afirma Espeche.

La idea de planear el futuro, en estos casos, se ve fuertemente reducida. En este sentido, según Espeche, “la crueldad del sistema es que te indica hacia dónde tenés que ir y dirigir tus deseos, que sería tener tu departamento, tu libertad”. Y si bien afirma que esta situación de dependencia prolongada no provoca patologías específicas, también opina que para muchos mirar ese ideal desde lejos, sentirse perdido respecto del futuro, puede generar una angustia muy grande.

 119 total views,  5 views today

Deja una respuesta

Next Post

Shakira vs. Piqué: el Twingo, uno de los mejores autos para tener relaciones, según una app de citas

Shakira hizo una colaboración con Bizarrap y dejó en evidencia a Gerard Piqué, su expareja que la engañó con otra mujer y desató un escándalo […]
error: Content is protected !!