El crimen de Fernando Báez Sosa: ¿qué hizo el ambiente del rugby argentino después de su muerte?

El crimen de Fernando Báez Sosa, asesinado el 18 de enero de 2020 en Villa Gesell , y con un grupo de rugbiers del club Náutico Arsenal de Zárate como acusados, despertó una conmoción en todo el país, y que llegó, lógicamente, al ambiente del rugby. Para afrontar la situación, la Unión Argentina de Rugby (UAR), que organiza este deporte en el nivel nacional, inició un programa al que llamó “Rugby 2030″ y que tiene entre sus objetivos abordar el problema de la violencia. LA NACION consultó a las autoridades de este organismo, que se renovaron en marzo de 2022, y respondieron que no van a hacer declaraciones ni comentarios hasta que finalice el juicio en el que se discierne sobre la responsabilidad de a los acusados por el crimen de Báez Sosa.

Pocos días después de la muerte del joven, y todavía conmovidos por el asesinato, los directivos de la Unión de Rugby de Buenos Aires (URBA) formaron un equipo de trabajo, que derivó en una comisión denominada “FIMCO”, por Formación Integral de Mejora del Comportamiento. Este grupo liderado por Santiago Marotta (Pueyrredón), en ese momento presidente de URBA, y Patrick Campbell, el secretario (Lomas Athletic), se planteó abordar la violencia en el ámbito del rugby, no como una iniciativa puntual, sino como un programa de largo plazo.

Inicialmente el equipo coordinador se integró con dos miembros del consejo directivo, Martín Carrique (Los Tilos) y Luis Martín y Herrera (Champagnat), que tomaron la posta y sumaron al sociólogo Facundo Sassone (Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó), además de Alejandro Lareo (San Martín), Pablo Werner (Buenos Aires Rugby) y Hernán Coquet (San Albano), todos ex presidentes de sus clubes, y al psicólogo Miguel García Lombardi.

“El primer consenso fue reconocer que teníamos un problema. que es la violencia en sus diferentes facetas y que hasta ese momento el rugby no había abordado con la dimensión y la profundidad que tenía”, dijo García Lombardi.

Como segundo paso, se designó un referente en cada uno de los 90 clubes que conforman la URBA, al que llamaron “responsable FIMCO”, encargado de ejecutar actividades de acuerdo con el plan que se construyó. “El primer año de trabajo transcurrió durante la pandemia y realizamos más de 80 talleres virtuales donde convocamos a dirigentes, entrenadores, árbitros, jugadores y padres”, explicó García Lombardi.

“Apuntamos a revisar los métodos de enseñanza repensando la formación de entrenadores, porque creemos que algunas de las dificultades están en la base del proceso”, dijo el psicólogo, y contó que definieron cinco pilares de trabajo a los que ellos denominaron consensos. “El primero fue aceptar que la violencia existe y que es un problema instalado en el rugby. El segundo fue desterrar los bautismos denigrantes en los debuts de jugadores. Otro fue trabajar en la formación de entrenadores, y además, se replanteó el formato de los terceros tiempos. Finalmente establecimos abordar el comportamiento del público, que es el que más trabajo nos llevó”, detalló el psicólogo.

Luis Martín y Herrera, ex presidente de Champagnat, que fue parte del proyecto desde el inicio, y luego del primer año fue quien lideró el proyecto desde el lado dirigencial, afirmó: “Comenzamos a trabajar durante la pandemia y paradójicamente esto fue de gran ayuda, porque durante ese tiempo en el que no hubo actividad pudimos centrarnos en talleres y actividades de capacitación que nos permitieron instalar el tema”.

El exdirigente de URBA explicó que uno de los principales logros fue cambiar los bautismos en los debuts. “Hablamos con muchos jugadores que nos contaron lo mal que la pasaron y las experiencias traumáticas que vivieron. Esto nos permitió abordar el tema con mucha energía y cambiarlo definitivamente. Hoy los bautismos violentos están erradicados”, afirmó Martín y Herrera.

Otro tema importante que esta presente en la agenda de FIMCO es el comportamiento en las salidas grupales. “Es una situación que se repite en las vacaciones o los fines de semana cuando grupos de amigos que se forman en el contexto del rugby, que en su gran mayoría son adolescentes entre 15 y 20 años. A ellos los capacitamos y los ayudamos para que puedan abordar potenciales situaciones de conflicto y que se resuelvan de manera pacífica. Esto puede ocurrir en boliches, en la playa o en un bar. La idea es que no reaccionen como patota, que busquen estrategias o soluciones sin llegar a una pelea”, explicó el dirigente de Champagnat.

“También abordamos el tema de las adicciones. Tanto la droga como el alcohol, sobre todo en los terceros tiempos, donde estamos intentando cambiar el formato para que no sea una previa a una salida posterior donde se inician en consumos dañinos, pero en esto todavía hay mucho por mejorar”, dijo el que fue responsable de FIMCO en la URBA.

Alejandro Lareo es presidente del club San Martín y fue parte del programa desde su origen. “Nuestro club asumió el compromiso de poner en marcha FIMCO en todos los deportes, no sólo en el rugby, y sumamos al hockey, donde abordar estos temas también es necesario”, dijo Lareo. “Rápidamente cambiamos algunas cosas que estaban mal. Lo primero fueron los bautismos y lo que hicimos fue prohibir el ritual de pelar a los debutantes. En ese momento ocurrió algo llamativo, porque la primera definición fue suspenderlo, pero los jugadores nos propusieron hacerla en el caso de que el jugador acceda y aceptamos esa alternativa. Muchos chicos viven esto con orgullo, les gusta mostrar su situación de debutante y dar a conocer algo que para el jugador es importante”, explicó Alejandro Lareo.

“En San Martín asumimos esto con mucho compromiso y entendimos que los dirigentes y entrenadores tienen que dar el ejemplo y son la base del proceso de formación de los jugadores. Yo no tomo más una copa de alcohol en los terceros tiempos. Siento que tengo que predicar con el ejemplo y les pido lo mismo a los miembros de la comisión directiva”, cuenta el presidente de San Martín. “A mí, ser parte de FIMCO me ayudó a crecer y a deconstruirme, y estoy orgulloso de eso”.

Lareo explicó por qué la violencia es un tema necesario de abordar en el rugby: “El jugador de este deporte está acostumbrado a disputar con vehemencia y junto con sus compañeros de equipo la posesión de la pelota. A defender y a golpearse, dentro del marco que imponen las reglas. El rugby parte de una dinámica que intenta generar la presencia de mayor cantidad de atacantes que defensores todo el tiempo y esa es una de las lógicas del juego; pero dentro de una cancha, con un arbitro y con reglas establecidas. Equivocadamente, algunos repiten estas pautas y comportamientos en otros espacios y eso es un error en el que estamos trabajando para subsanar”.

El presidente de San Martín contó que uno de los grandes temas trabajados en su club fue el bullying. “A partir de una encuesta que hicimos, descubrimos que muchos chicos se sienten incómodos por los apodos que les ponen, pero que no pueden escapar de eso. También entendimos que en algunos casos abandonan la actividad por la incomodidad que les provocan esos apodos y las burlas. Y lo que es más grave, en muchos casos son los entrenadores los que lo generan. Lo que definimos como regla es que el entrenador le pregunte al jugador cómo le gusta, o cómo quiere que lo llamen”, afirmó Alejandro Lareo.

Finalmente, explicó como uno de los temas de agenda permanente en su club es el machismo: “Intentamos transmitirles a los chicos que el machismo es malo para todos. En el rugby está instalada la idea de soportar el dolor, de ser duro y fuerte. Y planteo un ejemplo: un jugador lastimado, que supone que debe seguir a pesar del dolor, se está perjudicando porque la lesión se puede agravar, esté impidiendo a un compañero que está esperando reemplazarlo, y en definitiva complica al equipo. El machismo es malo, fundamentalmente para las mujeres, pero también para los hombres”.

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