“John McEnroe fue mi novio”. Ganó un Grand Slam, pero una lesión y una sesión de fotos hot la alejaron de las canchas

Hay una anécdota increíble (y nunca contada) que refleja el espíritu competitivo que tenía Claudia Casabianca. En noviembre de 1974 le tocó enfrentar a la cordobesa Ivanna Madruga en el club Ciudad. Sigue contando ella: “Habían pasado 4 horas de partido y yo estaba muy tensa. Entonces me tiré al piso. Hice de cuenta que me desmayé, para desorientarla a ella. La desconcentré y le gané”, suelta.

¿La recuerdan a Claudia? Tenista argentina multi campeona juvenil. Nacida y criada en Villa Urquiza. Anterior a Gabriela Sabatini pero contemporánea de Guilllermo Vilas. Explotó en la década de los 70. Los que seguían el tenis femenino juvenil la llamaban la “niña prodigio”. Tenía talento y carisma. Y, a veces, empleaba estrategias exageradas para enloquecer a sus rivales. El público se volvía loco con ella.

Fue la primera argentina en ganar un título Grand Slam. Protagonizó partidos infartantes. También hizo ruido por fuera del deporte, con una sesión de fotos en “cola-less” que generaron agitación en la Asociación Argentina de Tenis (AAT). Playboy quiso llevarla a su tapa, pero ella dijo que no. Después una productora le propuso hacer una película, dijo que sí. Luego, a los 26 años, justo cuando estaba en el auge de su carrera, una extraña lesión la obligó a retirarse.

El encuentro con LA NACION es en Buenos Aires, en su departamento de Villa Urquiza. No se guarda nada. Cuenta de sus inicios en el tenis, de su noviazgo con un tenista famoso, de la tristeza que le generó el retiro y de su actual trabajo, que está vinculado a una noble causa social.

Sus inicios: “Peloteaba en el lavadero de mi casa”

-Claudia, ¿cuándo y por qué empezaste a jugar al tenis?

-Fue a los 5 años. Yo vivía en una casa de tres pisos con mis padres, mis tíos, mi abuelo y mi abuela. íbamos todos los fines de semana al club Comunicaciones. Ahí, mis padres jugaban al tenis. Yo le sacaba la raqueta a mi papá mientras él hacia asados. Me la llevaba al frontón y peloteaba horas. Después hacía lo mismo en casa. Peloteaba en el lavadero y jugaba a no pegarle a las canillas, así evitaba ir a buscar la pelota a cualquier lado.

-¿Aprendiste rápido?

-En el club, todas las personas me miraban y no podían creer que yo le pegara así con solo cinco años… Un día, dos años después, apareció un señor y le dijo a mi papá “¿por qué no la anotás en un torneo?”. Me inscribió y, con el tiempo, fui campeona de infantiles, menores, cadetes y juveniles. Y llegué a ser número 1 juvenil argentina. Después me metí entre las top 4 del mundo. Me emanciparon a los 14 y viajé mucho. A veces pasaba 6 meses fuera de la Argentina.

Por entonces, Claudia ya tenía un objetivo entre cejas: Forest Hills (el equivalente al US Open de hoy). El torneo estadounidense la obsesionaba. “Cuando volví de una gira, expresé que quería jugar y la AAT me becó para ir”, recuerda.

-Vos pegabas el revés a dos manos. Eso no era común en la época, ¿no?

-¡En Argentina estaba prohibido! De hecho, la AAT me quiso sacar de un entrenamiento por pegar a dos manos. Pero yo no iba a cambiar, ya era la número 1 de Argentina… Me acuerdo que vino un entrenador y me dijo “no podés jugar así”. A mí me iba bárbaro con las dos manos. “No puedo cambiar”, le dije. A la semana fui y gané Forest Hills. En la final le gané a Lea Antonopolis por 3-6, 6-4 y 6-3. Cuando terminé casi no festejé. Salí de la cancha y llamé a mis padres. Así festejé.

-¿Qué tipo de tenista eras?

-Tenía una de las mejores derechas del mundo y corría mucho, me decían “correcaminos”. En Flushing Meadows, una vez, corrí un drop sin una zapatilla y gané el tanto. Yo tenía esas cosas…

El breve noviazgo con Mc Enroe y las fotos picantes

Claudia se llevaba muy bien con el ambiente del tenis. Conocía mucha gente y se llevaba bien con la exposición. Conocía muy bien a John Mc Enroe e Ivan Lendl. Compartían sponsor, entonces solían alojarse en los mismos hoteles y viajar en el mismo avión.

“John Mc Enroe fue mi novio. Nos conocimos ahí, en Forest Hills. Todos los número 1 y número 2 de los rankings viajábamos juntos y nos quedábamos en los mismos hoteles. Almorzábamos y cenábamos juntos en el club”, cuenta.

-¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

-Duró poquito, porque yo viajaba mucho y él también… En las giras yo lo iba a ver jugar y él me iba a ver a mí. Después, afuera, paseábamos un poco, de la mano.

-¿Qué te gustaba de él?

-Primero, era un tenista increíble. Unos golpes increíbles. Cuando le pegaba a la pelota, saltaba, se despegaba del suelo. Y tenía mucha personalidad, era avasallante. Yo estaba muy enamorada, me encantaba él y me encantaba su juego. Pero lo nuestro duró muy poco, fue muy cortito. Los dos viajábamos mucho. La verdad es que la vida del tenista es muy solitaria… Yo he pasado navidades y años nuevos sola, en hoteles, con mis trofeos. Pero si él me hubiera pedido casamiento, yo me hubiera casado (ríe).

-Estabas enamorada.

-Teníamos 17 años… Fue inolvidable. Yo estaba enamoradísima. Pienso que yo estaba más enamorada que él.

-Fuiste tapa de la revista Libre en el pleno auge de tu carrera. Apareciste en “cola-less” e hiciste mucho ruido. En esa época, las fotos con poca ropa eran más inusuales que ahora…

-Me encantó hacerlas. Me lo ofrecieron y pagaban mucho dinero. Yo les respondí “me encanta, hagámoslas en la cancha de tenis”. La revista se agotó. Hice fotos con la “cola less”, la de la tirita. Igual eran muy cuidadas las fotos. Pero me generaron quil… Después vino Playboy y me ofreció salir desnuda. Les dije que no.

-¿Qué decía tu familia sobre esas fotos? ¿Apoyaban tu decisión o preferían que no las hicieras?

-Un día, un periodista le preguntó a mi mamá “¿usted qué opina de las fotos?”. Ella le dijo que estaban acostumbrados, si la ropa que usaban las tenistas también tapaba muy poco, sobre todo en Europa.

-¿Qué tipo de problemas te generó la tapa de la revista Libre?

-Cuando yo era número 1 juvenil de Argentina, la AAT me hizo jugar la clasificación para un torneo a las 8 de la mañana. ¡Yo era la número 1! Tendría que haber clasificado directamente… Jugué, clasifiqué y después gané el torneo. Fijate que hay una foto [señala a un cuadro que cuelga en su living] en la que se me levanta la pollera. ¿Qué diferencia tiene eso con la “cola-less”?

-¿Fue un castigo de la AAT?

-Sí, para mí que sí.

-En esa tapa, la revista Libre dijo que, cuando dejaste de jugar, te “dedicaste a bolichear”.

-Sí, las revistas inventaban de todo. Me inventaron rumores, romances. Una vez dijeron que mi ropa era “llamativa” y que era una “verdadera lástima”, pero yo estaba usando una campera dorada normal. Ivana Madruga, en la foto de al lado, estaba con un tapado de piel.

-Después protagonizaste una película, Relación Prohibida.

-Sí, la filmamos en 1981 pero se estrenó en 1987. Yo no tenía un papel protagónico. Apenas tenía un diálogo. Mi escena se filmó en el café Tabac. Mi personaje era amiga de una chica casada con un hombre. Ella me decía que le había gustado una chica. “Pero si no te gustan las chicas”, le respondía yo. “Pero estoy confundida, creo que me enamoré”, contestaba ella. Y yo cerraba con “te comprendo pero no te entiendo”. Eso fue todo. Creo que se estrenó afuera pero no en la Argentina.

“El retiro me mandó al psicólogo”

Tuvieron que pasar 8 años para que otra tenista argentina volviese a ganar un título internacional junior. Esa fue Gabriela Sabatini, en Japón, con quince años. Claudia tenía 10 años más. Estaba en un gran momento de su carrera. Sin embargo, ya comenzaba a limitarla un agudo dolor en la rodilla. Esa molestia la obligaría a dejar el tenis un año después.

-¿De qué se trató esa lesión y por qué te retiraste?

-Al principio no le podían encontrar cura. Y a mí me dolía. Me desmotivaba mucho eso. El director del sanatorio Dupuytren me decía que siguiera entrenando y jugando porque la rodilla estaba bien, las radiografías no mostraban nada. Pero a mí, una vez, me sacaron en camilla del dolor que tenía. Me empecé a estresar mucho. Hasta fui a ver a una especie de bruja. Pero después me hicieron una resonancia magnética y ahí apareció: me dijeron que tenía un desgaste causado por la alta competencia. Yo jugaba con las grandes y mi cuerpo sufría un desgaste fuerte… y antes no había vitaminas como ahora, yo tomaba jugo de naranja con Glucolin… En fin, me tenía que concientizar de que tenía que dejar el tenis. “¿¡Qué hago?!”, pensaba.

-Es una lástima que nunca hayas podido competir con Sabatini. Ella ascendió justo cuando vos dejaste el tenis. ¿Cuánto te impactó el retiro?

-El retiro me mandó al psicólogo. Me deprimí, pero por poco tiempo. Entendí que eran ciclos, y que el mío se había cumplido. Lo que pasa es que, cuando ella ganó me destronó. Yo era la reinita del tenis, y después no lo fui más. Ojo, ojalá haya muchas “Sabatinis”. Yo la admiro a ella porque hizo más que yo, pero yo fui la primera… Pueden haber “Sabatinis”, “Dulkos”, “Podoroskas”, pero yo fui la primera. Es un orgullo para mí y para mi país. Me gustaría que se reconozca más eso.

-Se enfrentaron una sola vez, ¿cierto?

-Sí, jugamos una vez y le gané 6-3 y 6-1.

-¿Qué hiciste para volver a encontrar el rumbo?

-Fue de casualidad, pero conocí al padre de mis hijos. Con él tuve a Gina, que hoy es azafata, y a Giuliano, que es abogado. Me motivé formando una familia. Aclaro: lo hice porque me enamoré, si no me hubiera enamorado, no lo sé…

-¿Extrañabas, después de retirarte, la exposición, el ruido, los viajes, los trofeos?

-Sí. Era mi vida, me encantaba… Al retirarme ya no tenía los aplausos. Cuando yo jugaba tenía dos guardaespaldas y la gente me seguía, me pedía autógrafos. Los periodistas se subían a los árboles para sacarme fotos cuando yo salía al balcón. ¡Y yo vivía en un piso 18!

-¿Cómo siguió tu vida? ¿En algún momento te despegaste del tenis?

-Siempre di clases de tenis. Enseñé en club Chacarita y en otros lados. Y hace 28 años que le doy clases a chicos con síndrome de down.

-¿Cómo surgió ese proyecto?

-Fue cuando estaba embarazada de 8 meses, de Gina, en el 92. Un día, estaba esperando el colectivo y se me acercó un grupo de chicos con síndrome de down. Uno de ellos me tocó la panza y me la besó. En ese momento tuve la sensación de que quizás yo podría tener una hija con síndrome down. Lo intuí, de alguna manera. Al final no, pero ese detalle no importa. En ese momento empecé un proyecto para darles clase de tenis a chicos y chicas con capacidades diferentes. Mandé un fax a un club de Estados Unidos y resulta que un nene con síndrome de down leyó el mensaje y se lo comentó a la mamá. La mamá me llamó y me dijo que quería que fuera. Y así es como soy voluntaria de las olimpíadas especiales de Miami durante 14 años. Practico un sistema único de enseñanza que tengo patentado. En Argentina lo enseño con chicos de los Municipios de Vicente López y San Martín.

-Debe ser una experiencia muy gratificante…

-Yo entrenaba a un chico, Andy, que tiene síndrome de down. Un día él estaba jugando una final contra un rival japonés, que era su amigo. Andy estaba 5 a 0arriba y de repente empieza a tirar las pelotitas para afuera, a propósito. Regala el partido. “¿Qué te pasó?”, le pregunté. Me dijo “Mirá Claudia, hoy es el cumple de mi mejor amigo, que es él. ¿Qué mejor regalo que hacerlo campeón?”. ¡Y le regaló el partido! Es increíble, porque ellos me generan muchas enseñanzas de vida. Es muy gratificante para mí.

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