La muerte del cardenal Pell crea un nuevo tsunami en el Vaticano

ROMA.— La muerte, el martes pasado, del cardenal australiano George Pell, de 81 años, provocó un nuevo tsunami en el Vaticano. El fallecimiento de quien había sido el primer “zar” del superministerio de Economía creado en 2014 por el papa Francisco para comenzar a ordenar y a hacer limpieza en las siempre oscuras finanzas del Vaticano, no sólo fue un baldazo de agua helada porque nadie se lo esperaba. Pell, también famoso por haberse convertido en el más alto prelado juzgado, condenado y luego absuelto por abusar a dos monaguillos en la década del 90 en su patria, estaba bien. Se lo había visto incluso en el funeral solemne de Benedicto XVI, papa emérito, el jueves pasado. Pero tuvo un arresto cardíaco el martes por la noche, después de una exitosa operación para la sustitución de una prótesis de cadera, en el hospital Salvator Mundi de esta capital.

Algunos analistas enseguida notaron que con la muerte de Pell, prelado conservador que también integró el consejo de cardenales consultores de todos los continentes del Papa, desaparecía una punta de lanza de la oposición al papa argentino. Es decir, se trataba de un nuevo golpe al ala conservadora, después de la muerte del papa emérito, desde siempre considerado una punto de referencia.

Dos textos de Pell antes de morir confirmaron justamente eso, que era el “jefe” de esa oposición al pontificado reformista de Francisco, y volvieron a crear una tempestad en el Vaticano. El primero es un artículo para el semanario británico conservador The Spectator que se publicó ayer, en el que habló pestes sobre el sínodo sobre sinodalidad (caminar juntos) en curso en la Iglesia católica de todo el mundo, la gran apuesta de Francisco para esta fase de pontificado, que definió “una pesadilla tóxica”.

Pero además, el vaticanista italiano Sandro Magister reveló que fue Pell el autor de un “Memorando” en vista del próximo cónclave hasta ahora anónimo, firmado con el pseudónimo “Demos” (pueblo en griego) que había en su blog, Settimo Cielo, el 15 de marzo pasado. Ese documento, traducido en varios idiomas, circuló entonces entre purpurados de todo el mundo.

En este “Memorando”, el cardenal australiano definió el pontificado de Francisco “un desastre en muchos o más aspectos, una catástrofe”. Pell —que tendrá este sábado un funeral solemne en la Basílica de San Pedro que será celebrado por el decano del colegio cardenalicio, Giovanni Battista Re y en el que también participará Francisco, en la parte de la bendición final—, lamenta “la confusión” creada por el Papa.

“El sínodo alemán habla de homosexualidad, de mujeres sacerdotes, de Comunión para los divorciados que se han vuelto a casar. Pero el papado calla”, denunció. “La centralidad de Cristo en la enseñanza se debilita. Cristo es desplazado del centro. A veces Roma parece hasta confundida sobre la importancia de un monoteísmo riguroso, al aludir a un cierto concepto más amplio de divinidad; no precisamente panteísmo, sino como una variante del panteísmo hindú”, agregó, al destacar que “la Pachamama es idolatría, aunque quizás no se la entendía inicialmente como tal”. Durante el sínodo sobre la Amazonía, en octubre de 2019, sectores ultraconservadores habían puesto el grito en el cielo cuando en unas ceremonias aparecieron unas estatuillas de la Pachamama, que después incluso fueron arrojadas al río Tíber.

Pell —que siempre fue respaldado por el Papa en su lucha contra la justicia de su país, que lo llevó a juicio en 2017 acusándolo de abusar a menores, delito del que siempre se proclamó inocente—, en el “Memorando” también denuncia que “la herencia cristocéntrica de San Juan Pablo II en materia de fe y moral es objeto de ataques sistemáticos”.

Y no es todo. “La falta de respeto a la ley en el Vaticano corre el riesgo de convertirse en un escándalo internacional. Estos problemas se han hecho realidad en el juicio que se está celebrando en el Vaticano contra diez acusados de negligencia financiera, pero el problema es más antiguo y más amplio”, también denuncia, aludiendo al juicio por corrupción que se está celebrando por una inversión fallida en Londres, que puso en el banquillo al cardenal italiano, Angelo Becciu, excolaborador de Francisco.

Y el cardenal australiano, que era apodado the ranger o the rugbier por su físico imponente y modos bruscos, incluso sale en defensa de Becciu. “El cardenal Becciu no fue tratado con justicia porque fue destituido de su cargo y despojado de su dignidad cardenalicia sin ninguna prueba. No recibió un juicio justo. Todo el mundo tiene derecho a un juicio justo”, escribe.

Aunque Pell admite que al principio el Papa “apoyó firmemente las reformas” en las finanzas, también critica la situación económica actual del Vaticano, que define “grave”.

Subraya, en otro punto, que “la influencia política del papa Francisco y del Vaticano es insignificante”.

“Intelectualmente, los escritos papales muestran una declinación respecto a los niveles de San Juan Pablo II y del papa Benedicto. Las decisiones y las políticas son a menudo ‘políticamente correctas’, pero ha habido graves fallas en la defensa de los derechos humanos en Venezuela, Hong Kong, China continental y ahora en la invasión rusa”, afirma. Reclama que debería regularizarse la situación de los tradicionalistas tridentinos (católicos), que solían celebrar libremente la misa en el antiguo rito en latín y subraya que “el Santo Padre tiene escaso apoyo entre los seminaristas y los sacerdotes jóvenes y hay una insatisfacción generalizada en la curia vaticana”.

El próximo papa

Tras un resumen general de la situación, Pell, que hubiera tenido el rol de “gran elector” en el próximo cónclave, es decir, no hubiera podido votar siendo mayor de 80, pero sí hubiera estado entre los mayores que influencian a los demás y hacen campaña –como demuestra su “Memorando”—, advierte de la “nueva dimensión de imprevisibilidad” que se dará en la votación, porque “muchos cardenales son desconocidos entre sí”.

E indica las cualidades que deberá tener el sucesor de Jorge Bergoglio. “El nuevo papa debe comprender que el secreto de la vitalidad cristiana y católica proviene de la fidelidad a las enseñanzas de Cristo y a las prácticas católicas. No proviene de la adaptación al mundo ni del dinero”, afirma. “Las primeras tareas del nuevo papa serán el restablecimiento de la normalidad, el restablecimiento de la claridad doctrinal en la fe y en la moral, el restablecimiento del debido respeto al Derecho y la garantía de que el primer criterio para el nombramiento de los obispos sea la aceptación de la tradición apostólica”, agrega.

Como hace en su artículo póstumo en The Spectator, en el que considera el documento preparatorio al actual sínodo “el más incoherente” jamás salido de Roma, Pell fustiga este tipo de reuniones de obispos de todos el mundo, expresión de colegialidad. “Si se da autoridad doctrinal a los sínodos nacionales o continentales, tendremos un nuevo peligro para la unidad de la Iglesia mundial, puesto que, por ejemplo, la Iglesia alemana ya tiene posiciones doctrinales que no son compartidas por otras Iglesias y no son compatibles con la tradición apostólica”, advierte.

“Si no hay una corrección romana de tales herejías, la Iglesia quedaría reducida a una vaga federación de Iglesias locales, con visiones diferentes, probablemente más cercana a un modelo anglicano o protestante que a uno ortodoxo”, alerta. “Una de las primeras prioridades para el próximo papa debe ser eliminar y prevenir un desarrollo tan peligroso, exigiendo la unidad en lo esencial y no permitiendo diferencias doctrinales inaceptables. La moralidad de la actividad homosexual será uno de estos puntos críticos”, subraya.

En el “Memorando”, Pell también indica que el sucesor de Bergoglio deberá intervenir la orden de los jesuitas debido a “su descenso numérico catastrófico”; deberá “afrontar el desastroso descenso del número de católicos y la expansión de los protestantes en Sudamérica” y » trabajar mucho en las reformas financieras del Vaticano, pero éste no debería ser el criterio más importante a la hora de elegir al próximo Papa”.

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