Los mensajes de serenidad del papa Francisco, en un contexto enrarecido por los ataques internos: “La crítica es un derecho humano”

ROMA.– En una larga entrevista que concedió a la agencia AP, en la Casa Santa Marta, donde vive, el Papa, de 86 años, mostró estar muy firme en el mando de la Iglesia y sereno. Más allá del clima enrarecido que se creó luego de la muerte del papa emérito Benedicto XVI, que disparó la publicación de libros llenos de rumores de todo tipo, el exarzobispo de Buenos Aires se mostró de buen humor y muy tranquilo. Y hasta elogió al recientemente fallecido cardenal australiano George Pell, su primer superministro de Economía y punta de lanza de la oposición conservadora, autor de un “memorando” hasta hace poco anónimo, que tachó su pontificado de “catástrofe”.

“Dicen que al final me criticó. Bueno, tiene derecho, la crítica es un derecho humano. Pero me ayudó mucho Pell, porque fue el que me dijo ‘el problema económico está aquí, aquí y aquí’. Y lo agarró en mano”, dijo. “Después tuvo un problema, donde dio tanto testimonio bueno, de paciencia”, agregó, al aludir a los más de 400 días de cárcel que pasó en su país después de ser condenado por abuso sexual de monaguillos, sentencia de la que en última instancia fue absuelto. “Después volvió. Pero él me ayudó mucho. Pell en la parte económica fue mano derecha. Un gran tipo. Grande”, subrayó.

A semanas de la publicación en Italia de un libro de memorias del secretario privado de Benedicto, el arzobispo Georg Gänswein y otro del cardenal conservador Gerhard Muller, que parecieron marcar el principio de una nueva campaña en su contra del sector que se opone a su visión más abierta de Iglesia, Francisco desestimó que todo esto pudiera afectarlo. Y aseguró que no le molestan las críticas.

“Uno prefiere que no las haya. Para tranquilidad, vaya. Son como la urticaria, que molesta un poquito, pero prefiero que las hagan, porque eso quiere decir que hay libertad para hablar”, aseguró. “La crítica ayuda a crecer y a que vayan bien las cosas”, agregó.

Francisco consideró que las críticas no se deben a que ya no está su antecesor, Benedicto XVI, que bien o mal, lo protegía del ala conservadora, sino “por el desgaste del gobierno de diez años”. “El gobierno desgasta. Y bueno, primero la sorpresa […] y ya cuando empieza a ver los defectos, hay crítica. Yo lo único que pido es que me las hagan en la cara, porque así crecemos todos”, dijo.

Ante una pregunta sobre esa extraña convivencia de casi diez años con Benedicto XVI, Francisco volvió a expresar todo su respeto por el primer papa en 600 años que decidió renunciar, en un acto que, reiteró, no tendría problema en dar, llegado el caso. “Benedicto fue un señor”, subrayó. “La convivencia fue, yo diría de parte de él, heroica. Porque no es fácil inventar una convivencia así después de mil años. Él fue muy generoso, muy amplio y es verdad que algunos quisieron usarlo y él se defendió todo lo que pudo”, afirmó. “Perdí a un papá. Para mí era una seguridad: frente a una duda, pedía el auto, iba hasta el monasterio a preguntar. Yo perdí a un buen compañero”, comentó también, al recordar que asimismo lo consideraba como “el abuelo sabio en casa”.

Dijo que hasta el momento no se le ocurrió promulgar alguna norma para reglamentar el retiro o jubilación de un papa, como tampoco se le ocurrió hacer un testamento. “La cosa se tiene que dar sola”, afirmó. Aunque aseguró que si llegara a seguir su ejemplo y a dar un paso al costado, ya no se llamaría “papa emérito”, sino “obispo emérito de Roma” y que se iría a vivir afuera del Vaticano, en la casa del Clero de Roma.

También utilizó el humor para hablar sobre su salud física y emotiva. “De emotiva soy medio loco (risas). Estoy bien. La rodilla, gracias a una buena terapia y a la magnetoterapia, el láser… se soldó el hueso. No fue necesaria la operación. Ya estoy caminando, me ayudo con el carrito, pero estoy caminando. Todavía tengo que usar esto para no caer.

“Ser homosexual no es un delito”, subrayó, por otro lado, Francisco, que reconoció que los obispos católicos en algunas partes del mundo apoyan las leyes que criminalizan la homosexualidad o discriminan a la comunidad Lgtbq, y se refirió a la homosexualidad como un “pecado”. Sin embargo, atribuyó esas actitudes a contextos culturales y dijo que los obispos también deben pasar por un proceso de cambio para reconocer la dignidad de todos.

Reconoció que la Iglesia Católica todavía tiene un largo camino por recorrer en la lucha contra el escándalo de abusos sexuales, psicológicos y de poder que se dan en su seno y que se cometieron muchos errores en el pasado. Se refirió al caso del obispo Carlos Ximenes Belo, líder del movimiento independentista de Timor Oriental y premio Nobel de la Paz, que fue obligado a retirarse; y al escándalo que estalló en diciembre pasado en torno al artista jesuita esloveno Marko Ivan Rupnik. Este sacerdote, famoso en todo el mundo por sus mosaicos, fue acusado por religiosas de haber abusado sexual, espiritual y psicológicamente de ellas. Aunque algunos especularon con que Rupnik había tenido un trato preferencial en el Vaticano, Francisco aseguró que no tuvo ningún rol y reiteró su voluntad de que haya más transparencia en los procesos que se llevan adelante contra quienes abusan, incluso contra “adultos vulnerables”.

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